Errico Malatesta
Nació Errico Malatesta el 14 de diciembre de 1853, en Santa
María Maggiore, a unos 30 kms. al norte de Nápoles, en el seno de una familia
de propietarios rurales.
En Nápoles siguió los estudios clásicos como alumno interno
de las escuelas de los Escolapios. Ya desde joven manifestaba tendencias y
espíritu rebeldes. Tenía 14 años cuando en 1868 escribió una carta insolente y
amenazadora, firmándola, al rey Vittorio Emanuelle.
A consecuencia de esto, sufrió el primer arresto y costó
mucho que su padre consiguiera hacerle poner en libertad. Éste, en casa, le
reprochó su actuación y le aconsejó, al menos, mayor prudencia. Pero su
respuesta fue tan intransigente que su padre, entre lágrimas, le dijo:
“¡Pobre hijo mío, me desagrada decírtelo, pero acabarás en la
horca!”
El rebelde adolescente alimentaba ideas republicanas, era el
republicano en Italia, entonces, el Partido Histórico de la Revolución y atrajo
las simpatías de Malatesta.
Empezó a oír hablar de la Internacional y tuvo deseos de
saber lo que era; conoció entonces, entre otros, a Giuseppe Fanelli, Severio
Friscio, etc., y se decidió a abrazar, en 1870, las ideas internacionalistas.
La Internacional y el socialismo tenían en Italia, desde 1864 en adelante, un
carácter marcadamente revolucionario y anarquista.
Los hechos de la Comuna de París de 1871 y el fermento por
ellos esparcido en todas partes, no hicieron más que reforzar también en
Malatesta la nueva fe abrazada, acrecentando su entusiasmo.
El 4 de agosto de 1872 se reunía en Rimini un Congreso de
Internacionalistas de varios lugares de Italia, donde se constituyó la
Federación Italiana de la Asociación Internacional de los Trabajadores.
Malatesta se arrojó en cuerpo y alma en la lucha socialista
anarquista; abandonó los estudios después del cuarto año en la facultad de
Medicina de la Universidad de Nápoles; donó todo su patrimonio a la propaganda
y a los pobres.
Infatigable en su actividad de agitador y conspirador,
irradiaba tal entusiasmo en su entorno que logró ejercer muy pronto una
extraordinaria influencia entre los trabajadores y los jóvenes. Se convirtió
por ello, inmediatamente, en la bestia negra de la policía italiana, que seguía
sus pasos y le perseguía sin descanso, deteniéndolo a cada momento con los
pretextos más nimios e, incluso, sin pretexto alguno.
Malatesta fue al Congreso Internacional Socialista
Antiautoritario de Saint Imier, del 25 y 26 de septiembre de 1872. Allí pasó,
antes y después del Congreso, unos días con Bakunin y entró pronto en completa comunión
de ideas con él, participando también en los trabajos reservados de la Alianza,
una especie de fraternidad secreta revolucionaria y anarquista, que Bakunin
había fundado algunos años antes bajo el nombre de “Alianza de la Democracia
Socialista” y que, más tarde, se denominó “Alianza Socialista Revolucionaria”.
A pesar de su gran energía, Malatesta era de salud frágil.
Hacia los 15 años, su médico creía que difícilmente alcanzaría los 24.
Malatesta contó, en 1926, con ocasión del cincuentenario de la muerte de
Bakunin, en casa de éste, que oyó cómo, en un momento en que no se creía
escuchado, Bakunin decía a los compañeros que lo rodeaban:
“¡Lástima que esté tan enfermo! Lo perderemos pronto, no hay
con él para seis meses.”
Las relaciones entre Bakunin y Malatesta fueron de lo más
estrechas y frecuentes y, el primero, tuvo por algún tiempo como secretario al
joven anarquista italiano.
En 1875, Malatesta hizo su primer viaje a España. Visitó
muchas localidades, (Barcelona, Cádiz, Madrid…), y, posteriormente, regresó a
Nápoles, donde aceptó la propuesta de hacerse admitir en la Masonería,
esperando poder repetir, con mayor fortuna, la tentativa, ya hecha por Bakunin,
de arrastrar a esta asociación al terreno revolucionario. Pero pronto se
decepcionó y abandonó la idea e, incluso, la combatió.
En octubre de 1876 se celebró el Congreso Internacionalista
Italiano y uno de los acuerdos más importantes fue adoptar el principio
expresado en la fórmula socialista: “Cada uno según sus propias fuerzas, a cada
uno según sus necesidades”. Se rechazó toda idea de recurrir a la instauración
de una forma cualquiera de gobierno; se reafirmó el carácter anarquista del
socialismo internacional, en cuanto a la táctica; se condenó la participación
en las elecciones políticas y administrativas… Se nombra a Malatesta y a Carlo
Cafiero como representantes de la Federación Italiana al Congreso próximo de la
Internacional en Berna.
En el Octavo Congreso de la Asociación Internacional de
Trabajadores, (Berna, 1876), Malatesta desarrolló sus nuevas ideas, y las de
sus compañeros italianos, sobre el comunismo anárquico. Protestó también contra
el hábito de llamarse, y hacerse llamar, bakunistas, puesto que decía:
“Nosotros no lo somos, ya que no participamos de todas las
ideas, teóricas y prácticas, de Bakunin. Y no lo somos, sobre todo, porque
seguimos las ideas, no las personas.”
Malatesta sostuvo la necesidad de hacer tentativas
insurreccionales que, atacando directamente los organismos estatales y
autoritarios y procediendo a expropiaciones en beneficio de las poblaciones
pobres, harían, entre éstas, la propaganda más eficaz.
En 1877, en Benevento, junto al grupo de Cafiero y
Malatesta, se intenta desencadenar una insurrección. Ésta fracasa y Malatesta
es hecho prisionero. El 19 de enero de 1878 muere el rey Vittorio Emanuelle II
y el ministro Crispi concede en febrero una amnistía general para los delitos
políticos.
Al salir Malatesta de la cárcel, en agosto de 1878, y volver
a Nápoles, la policía hace más sofocante la vigilancia sobre él, aún más de lo
que había sido hasta entonces: le impiden, entre otras cosas, la posibilidad de
hallar trabajo para poder vivir.
Además, el gobierno mostraba la evidente intención de
desembarazarse de él; esperaba, de un momento a otro, la orden para ser enviado
a alguna isla de las existentes a lo largo de la costa meridional de Italia y Sicilia.
Por ello, Malatesta decide expatriarse a Egipto, donde se habían refugiado ya
otros de sus compañeros.
Continuará...


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