lunes, 16 de enero de 2023

Errico Malatesta, (1/4)









Esta es la biografía de Errico Malatesta, escrita por el compañero Iñaki para nuestro blog.


Errico Malatesta


Nació Errico Malatesta el 14 de diciembre de 1853, en Santa María Maggiore, a unos 30 kms. al norte de Nápoles, en el seno de una familia de propietarios rurales.

En Nápoles siguió los estudios clásicos como alumno interno de las escuelas de los Escolapios. Ya desde joven manifestaba tendencias y espíritu rebeldes. Tenía 14 años cuando en 1868 escribió una carta insolente y amenazadora, firmándola, al rey Vittorio Emanuelle.

A consecuencia de esto, sufrió el primer arresto y costó mucho que su padre consiguiera hacerle poner en libertad. Éste, en casa, le reprochó su actuación y le aconsejó, al menos, mayor prudencia. Pero su respuesta fue tan intransigente que su padre, entre lágrimas, le dijo:

“¡Pobre hijo mío, me desagrada decírtelo, pero acabarás en la horca!”

El rebelde adolescente alimentaba ideas republicanas, era el republicano en Italia, entonces, el Partido Histórico de la Revolución y atrajo las simpatías de Malatesta.

Empezó a oír hablar de la Internacional y tuvo deseos de saber lo que era; conoció entonces, entre otros, a Giuseppe Fanelli, Severio Friscio, etc., y se decidió a abrazar, en 1870, las ideas internacionalistas. La Internacional y el socialismo tenían en Italia, desde 1864 en adelante, un carácter marcadamente revolucionario y anarquista.

Los hechos de la Comuna de París de 1871 y el fermento por ellos esparcido en todas partes, no hicieron más que reforzar también en Malatesta la nueva fe abrazada, acrecentando su entusiasmo.

El 4 de agosto de 1872 se reunía en Rimini un Congreso de Internacionalistas de varios lugares de Italia, donde se constituyó la Federación Italiana de la Asociación Internacional de los Trabajadores.

Malatesta se arrojó en cuerpo y alma en la lucha socialista anarquista; abandonó los estudios después del cuarto año en la facultad de Medicina de la Universidad de Nápoles; donó todo su patrimonio a la propaganda y a los pobres.

Infatigable en su actividad de agitador y conspirador, irradiaba tal entusiasmo en su entorno que logró ejercer muy pronto una extraordinaria influencia entre los trabajadores y los jóvenes. Se convirtió por ello, inmediatamente, en la bestia negra de la policía italiana, que seguía sus pasos y le perseguía sin descanso, deteniéndolo a cada momento con los pretextos más nimios e, incluso, sin pretexto alguno.

Malatesta fue al Congreso Internacional Socialista Antiautoritario de Saint Imier, del 25 y 26 de septiembre de 1872. Allí pasó, antes y después del Congreso, unos días con Bakunin y entró pronto en completa comunión de ideas con él, participando también en los trabajos reservados de la Alianza, una especie de fraternidad secreta revolucionaria y anarquista, que Bakunin había fundado algunos años antes bajo el nombre de “Alianza de la Democracia Socialista” y que, más tarde, se denominó “Alianza Socialista Revolucionaria”.

A pesar de su gran energía, Malatesta era de salud frágil. Hacia los 15 años, su médico creía que difícilmente alcanzaría los 24. Malatesta contó, en 1926, con ocasión del cincuentenario de la muerte de Bakunin, en casa de éste, que oyó cómo, en un momento en que no se creía escuchado, Bakunin decía a los compañeros que lo rodeaban:

“¡Lástima que esté tan enfermo! Lo perderemos pronto, no hay con él para seis meses.”

Las relaciones entre Bakunin y Malatesta fueron de lo más estrechas y frecuentes y, el primero, tuvo por algún tiempo como secretario al joven anarquista italiano.

En 1875, Malatesta hizo su primer viaje a España. Visitó muchas localidades, (Barcelona, Cádiz, Madrid…), y, posteriormente, regresó a Nápoles, donde aceptó la propuesta de hacerse admitir en la Masonería, esperando poder repetir, con mayor fortuna, la tentativa, ya hecha por Bakunin, de arrastrar a esta asociación al terreno revolucionario. Pero pronto se decepcionó y abandonó la idea e, incluso, la combatió.

En octubre de 1876 se celebró el Congreso Internacionalista Italiano y uno de los acuerdos más importantes fue adoptar el principio expresado en la fórmula socialista: “Cada uno según sus propias fuerzas, a cada uno según sus necesidades”. Se rechazó toda idea de recurrir a la instauración de una forma cualquiera de gobierno; se reafirmó el carácter anarquista del socialismo internacional, en cuanto a la táctica; se condenó la participación en las elecciones políticas y administrativas… Se nombra a Malatesta y a Carlo Cafiero como representantes de la Federación Italiana al Congreso próximo de la Internacional en Berna.

En el Octavo Congreso de la Asociación Internacional de Trabajadores, (Berna, 1876), Malatesta desarrolló sus nuevas ideas, y las de sus compañeros italianos, sobre el comunismo anárquico. Protestó también contra el hábito de llamarse, y hacerse llamar, bakunistas, puesto que decía:

“Nosotros no lo somos, ya que no participamos de todas las ideas, teóricas y prácticas, de Bakunin. Y no lo somos, sobre todo, porque seguimos las ideas, no las personas.”

Malatesta sostuvo la necesidad de hacer tentativas insurreccionales que, atacando directamente los organismos estatales y autoritarios y procediendo a expropiaciones en beneficio de las poblaciones pobres, harían, entre éstas, la propaganda más eficaz.

En 1877, en Benevento, junto al grupo de Cafiero y Malatesta, se intenta desencadenar una insurrección. Ésta fracasa y Malatesta es hecho prisionero. El 19 de enero de 1878 muere el rey Vittorio Emanuelle II y el ministro Crispi concede en febrero una amnistía general para los delitos políticos.

Al salir Malatesta de la cárcel, en agosto de 1878, y volver a Nápoles, la policía hace más sofocante la vigilancia sobre él, aún más de lo que había sido hasta entonces: le impiden, entre otras cosas, la posibilidad de hallar trabajo para poder vivir.

Además, el gobierno mostraba la evidente intención de desembarazarse de él; esperaba, de un momento a otro, la orden para ser enviado a alguna isla de las existentes a lo largo de la costa meridional de Italia y Sicilia. Por ello, Malatesta decide expatriarse a Egipto, donde se habían refugiado ya otros de sus compañeros.


Continuará...






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