miércoles, 19 de abril de 2023

HOMENAJE AL ANARCOFEMINISMO IBÉRICO, (SIGLOS XIX-XX)

Mujeres libres 



La revista Mujeres Libres surge de la iniciativa de un núcleo de mujeres vinculadas a CNT de Madrid. Se trata de un núcleo del que destacan tres mujeres: Lucía Sánchez Saornil, Mercedes Comaposada y Amparo Poch, que desde Zaragoza se trasladó a vivir a Madrid en 1934. Este núcleo madrileño deseaba crear espacios colectivos, y la revista era uno de ellos, para facilitar el encuentro e impulsar la capacitación laboral y el acceso a la educación de las obreras.

Fue en 1936 cuando se unieron este grupo madrileño y el “Grupo Cultural Femenino” de Barcelona (1934), para dar lugar a la organización “Mujeres Libres”. Este grupo demostró un grado de conciencia feminista muy desarrollado al cuestionar el sistema patriarcal y vincular la emancipación femenina con la transformación revolucionaria, es decir, uniendo lucha de género y lucha de clases. Con una gran modernidad de planteamientos asentó la libertad femenina a partir del desarrollo de la independencia psicológica y de la autoestima, solo factible poniendo en valor, además de la lucha social, la lucha individual, la llamada “emancipación interna” de la que hablaba la anarquista Emma Goldman. De este modo, las mujeres se convertían en sujetos de su proceso de liberación, que no solo se basaba en la independencia económica, sino en el empoderamiento y la afirmación de la personalidad femenina.




Amparo Poch y Gascón





Amparo Poch y Gascón (Zaragoza, 15 de octubre de 1902 - Toulouse, Francia, 15 de abril de 1968) fue una escritora y médica activista antifascista y libertaria española, cofundadora en 1936 de la revista Mujeres Libres.

Hija mayor de una familia de clase media, inició sus estudios universitarios en 1922 una vez acabados los de Magisterio a que le obligó su padre, un oficial militar proveniente de Valencia. Su vida en la Facultad de Medicina no pasó desapercibida, por la excelencia de su expediente académico (matrícula de honor en las veintiocho asignaturas y Premio Extraordinario fin de carrera en 1929 otorgado por un tribunal presidido por Santiago Pi i Suñer), y por la modernidad de sus ideas feministas, en un contexto en que era la única mujer entre los cuatrocientos treinta y cinco matriculados aquel primer curso (llegarían a ser ocho en la Facultad), y discutir ella el papel convencional de las mujeres en el Primer Congreso Nacional de Estudiantes de 1923 dominado por organizaciones católicas y celebrado en Zaragoza. Aficionada al dibujo y escritora de poemas, novelas y ensayos políticos, entonces inició en la prensa local una actividad propagandística a favor de las mujeres intelectuales, y defensa de la salud y emancipación de las mujeres obreras, que duraría toda su vida.

Recién licenciada en Medicina abrió en el domicilio familiar una “Clínica Médica para mujeres y niños, con horario especial para obreras” (según anuncio de prensa), practicando su profesión en Zaragoza hasta la primavera de 1934 en que se trasladó a Madrid, tras la huelga general y luchas sindicales de los meses anteriores. De este período zaragozano quedan dos ensayos, Cartilla de consejos a las madres, que obtuvo II Premio Dr. Borobio de Protección de la Infancia, y La vida sexual de la mujer. En Madrid practicó la profesión en su “Clínica de mujeres y niños” del barrio Puente de Vallecas y en la Mutua de Médicos de la CNT (Confederación Nacional de Trabajadores). Paralelamente desarrolló una intensa labor de educación sanitaria para la prevención de embarazos no deseados (fue pionera difusora del método Ogino en España), y para el control de las enfermedades sociales del momento (sífilis y tuberculosis y otras enfermedades laborales), impartiendo conferencias en los activos y populares ateneos de barrios, escribiendo libros, folletos y artículos periodísticos. Defensora del amor libre, compartió su vida amorosa y cotidiana con varios hombres a lo largo de su vida, todos ellos camaradas, líderes sindicales anarquistas que eran, además, escritores o artistas.

Cada vez más consciente de los límites de las organizaciones políticas mixtas de la CNT, Amparo Poch se consagró al desarrollo de la autónoma “Federación de Mujeres Libres”, una organización que llegó a tener veinte mil afiliadas. Junto a Lucía Sánchez Saornil y Mercedes Comaposada fundó la revista Mujeres Libres en la primavera de 1936. En esta revista publicó asiduamente poemas, escritos de puericultura, de medicina social y ensayos feministas. Sus cómicos episodios del “Sanatorio del Optimismo”, firmados por la “dra. Salud Alegre”, con personajes como los doctores Buen Humor, Buen Apetito, Sueño Feliz, Amor Humano o Guasa Viva, y las enfermeras Fantasía, Ilusión, Risa, etc., o el microbio Reflexión, constituyen hoy un modélico programa divulgativo de promoción de la salud, coherente entonces con la tradición naturista y las tesis de la etiología social frente a la emergente microbiológica del momento.

Participó en el movimiento pacifista internacional presidiendo la sección española de la War-Resisters International. Durante la Guerra Civil, Amparo Poch realizó tareas médico-sanitarias y políticas. Fue nombrada consejero médico del Consejo Nacional de Asistencia Social, en el Ministerio de Sanidad presidido por la cenetista Federica Montseny, organizando los Hogares Infantiles. Tras su cese y posterior traslado a Barcelona en junio de 1937, fue la directora del Casal de la Dona Treballadora, donde abrió consulta pediátrica con sus alumnas y promovió los famosos cursos de capacitación inmediata de las mujeres.

Desde Mujeres Libres se ocupó de las Brigadas de Salvamento y de su formación en Primeros Auxilios.

Los últimos meses de 1938, ante la inminencia de la derrota, organizó la evacuación de las colonias, granjas-escuela de niños y refugios de ancianos y heridos.

Pasó la mitad de sus sesenta años de vida en el exilio de Francia, en Nîmes durante la ocupación alemana y, desde 1945, en Toulouse, dedicada a la atención médica de refugiados en el Dispensario de la Cruz Roja española y otros consultorios y hospitales de Toulouse, colaborando asiduamente en las publicaciones libertarias, y sosteniendo instituciones políticas, como la SIA (Solidaridad Internacional Antifascista) creada en 1937, a cuyo Comité Nacional perteneció y que sería la encargada de distribuir sus escasas pertenencias a su muerte, en la primavera de 1968.

 

Obras de ~: “Letras Femeninas” (sección), en La Voz de la Región, 1923; Cartilla de consejos a las mujeres, Zaragoza, 1931; La vida sexual de la mujer, Valencia, Cuadernos de Cultura, t. LVI, 1932; “Sanatorio de Optimismo” (sección), Mujeres Libres, 1936-1938; Niño, Barcelona, 1938; “El profundo sentido de la frontera y otros artículos del Boletín Interior de CNT (MLEF), Toulouse, 1945 y 1946.


Artículos de Amparo Poch


Esta afirmación de que, en Zaragoza, casi todas las mujeres estudiantes no tienen de lo segundo mucho más que el nombre, satisface a ese numeroso público que todavía mantiene vivas las decadentes leyendas de las misiones femeninas en la tierra, de su inferioridad intelectual, y de la incompatibilidad de las tales misiones, que nadie niega, con las dignísimas ideas de su humana independencia y de su igualdad, frente a los varones, personalidad a personalidad, poder a poder.

Pocas mujeres hay que respondan a ese ideal, más de mañana que de hoy; quizás por temor al calvario a que se condena a quien se desliga audazmente de las costumbres y prejuicios de las gentes; calvario que se multiplica para las mujeres haciéndose lluvia de groseros calificativos y pensamientos malos, para combatirlas con ellos hasta hacerles claudicar, o, cuando tal no sucede, envolverlas en la nube de la hostilidad y burla con que el vulgo, acoge a la ‘mujer sabia’ y la vapulea en chistes, caricaturas y carcajadas, como si la mujer sabia, cuando lo es verdaderamente, no tuviese su dignidad elevadísima, su personalidad respetable, y su recio caudal de sentimientos que la llevan a llorar, quizás, las manifestaciones brutales de cuantos, tal vez, no saben tenerlas de otro modo.

«La Voz de Aragón». 6/3/1927

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La moral burguesa infiltra también en el matrimonio el concepto de propiedad, y hace que los hombres digan “mi mujer”, y las mujeres se digan señora “de” fulano, teniendo el hombre claro sentido de sus numerosos derechos sobre la esposa.

La vida sexual de la mujer. Marzo de 1932

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¿Qué debemos hacer ante el gesto bélico que, de nuevo, hincha sus velas en el horizonte del Mundo? Ahora ya nadie puede quedarse a retaguardia. (…) Ya no vale esta vez querer jugar al escondite, porque los aviones se burlan zumbando detrás de las nubes que ellos fabrican; y los microbios vuelan a distancias grandes y los nuevos gases traspasan la ropa, la máscara y la piel. Ahora ya no puede nadie quedarse a retaguardia. (…) No prestéis oídos a los himnos nacionales ni a las palabras retumbantes que os hablen de falsos deberes patrióticos; sino a esa otra voz, dulce y profunda, que sale del propio corazón y enseña el precepto intangible de amar a todos los seres y todas las cosas. (…) Que hacen falta casas anchas y bien iluminadas; puentes, carreteras y ferrocarriles; barcos sin cañones, que unan a los hombres en vez de exterminarlos.

Tiempos Nuevos. 1/6/1935.

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...encauzar la acción social de la mujer, dándole una visión nueva de las cosas, evitando que su sensibilidad y su cerebro se contaminen de los errores masculinos. Y entendemos por errores masculinos todos los conceptos actuales de relación y convivencia: errores masculinos, porque rechazamos enérgicamente toda responsabilidad en el devenir histórico, en el que la mujer no ha sido nunca actora, sino testigo obligado e inerme... no nos interesa rememorar el pasado, sino forjar el presente y afrontar el porvenir, con la certidumbre de que en la mujer tiene la Humanidad su reserva suprema, un valor inédito capaz de variar, por la ley de su propia naturaleza, todo el panorama del mundo... que miles de mujeres reconocerán aquí su propia voz, y pronto tendremos junto a nosotras toda una juventud femenina que se agita desorientada en fábricas, campos y universidades, buscando afanosamente la manera de encauzar en fórmulas de acción sus inquietudes.

Editorial del primer número de "Mujeres libres", mayo de 1936


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Lucía Sánchez Saornil





Lucía Sánchez Saornil, pionera de la revolución feminista.
 
Poeta, periodista, escritora, sindicalista, telefonista, anarquista, activista LGTB y, sobre todo, mujer feminista. Son muchas las etiquetas que la, entre otras cosas, fundadora de la organización Mujeres Libres puede tener. Sánchez Saornil defendió siempre que la emancipación de la mujer no podía ser secundaria a la lucha de clases y que la liberación de las mujeres debía empezar en su propia casa. 

La cultura, el inicio de todo

Lucía Sánchez Saornil (Madrid, 1895 – Valencia, 1970) provenía de una familia humilde y la desgracia se cebó con ella. Perdió muy joven a su madre, Gabriela Saornil, y a un hermano, lo que hizo que estudiara en un colegio para huérfanos. Pero pese a los pocos recursos de su familia, su padre, Eugenio Sánchez, cuidaba una pequeña biblioteca y un archivo de pasquines que había heredado de una tía suya. Como el tesoro que era, Eugenio, Lucía y su hermana pequeña bebieron de esa colección la cultura que marcaría su vida. 

Primero fue la poesía. Con 18 años publica su primer poema y dos años más tarde, su producción regular. Trabajaba paralelamente de telefonista en la entonces compañía estatal de telecomunicaciones, Telefónica. También prosiguió sus estudios en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, dónde comienza a seguir los movimientos vanguardistas, en particular al ultraísmo. 

Militancia política y visión de género

Lucía Sánchez Saornil, fundadora de Mujeres Libres. Después de trabajar 15 años en la compañía, fue despedida al secundar la huelga de 1931. Esto no fue el inicio de su militancia política y sindicalista ya que desde la década de los años 20 formaba parte del movimiento anarcosindicalista. Una lucha por los derechos laborales de los trabajadores que antes del despido, le acarreó un traslado a Valencia. Una evolución que culminó con su afiliación en la CNT (Confederación Nacional del Trabajo) y pasó a hacerse cargo del periódico del sindicato. 

En sus escritos tanto en el periódico de la CNT, como en otros como Tierra y Libertad o Solidaridad Obrera, se desprende una preocupación por las condiciones de vida de las mujeres. Apuntó y reivindicó la necesidad de la emancipación de estas y que su lucha no podía ser secundaria a la de la lucha obrera. Esta postura, chocó con muchos de sus compañeros de sindicato, lo que le hizo ver que en ese momento las mujeres necesitaban un espacio propio. 

Mujeres Libres, es espacio necesario

Ese espacio propio sería una organización con los mismos valores anarquistas pero formada solo por mujeres. Que pudieran sentirse seguras y escuchadas, emancipadas partiendo del sindicato y de sus propios hogares. Así que, en abril de 1936, creó junto con Mercedes Comaposada y Amparo Poch Gascón la organización Mujeres Libres. Más de 20.000 mujeres se unieron, incluso después de que el Golpe de Estado iniciara la Guerra Civil.

Talleres, charlas y apoyo mutuo fueron algunas de las actividades que realizaron. Poniendo en cuestión las mismas raíces del patriarcado: desde la figura del matrimonio, la maternidad obligatoria, el género, los derechos reproductivos, la prostitución, las profesiones masculinizadas, etc. Sánchez Saornil ideó, a su vez, las llamadas brigadas femeninas de trabajo, que eran mujeres que sustituían la mano de obra masculina imprescindible para el funcionamiento de la ciudad mientras se llevaban a cabo las batallas en el frente. 

La guerra, el exilio y el anonimato

Con los golpistas atacando, Lucía Sánchez Saornil se unió a la lucha antifascista. No solo participó en el Asalto al Cuartel de la Montaña en Madrid, si no que también cubrió el frente de Guadalajara durante la contienda y viajó a Valencia con el bando republicano. Allí fue nombrada secretaria nacional de todas las agrupaciones de Mujeres Libres y redactora jefa del periódico Umbral. También se hizo cargo de la secretaría general de la sección española de Solidaridad Internacional Antifascista, meses antes de acabar la guerra. 

En Valencia también conoció a América Barroso, quien sería su compañera sentimental hasta su fallecimiento. Con ella huyó a Francia y vivieron juntas en París hasta que la invasión nazi les hizo temer por su vida. Ante la posibilidad de ser recluidas en un campo de concentración, volvieron de manera clandestina a España. Algo que la condenaba a vivir en el anonimato mientras Franco gobernase. 

Mujer antes que madre, amor libre 

Al ser una persona reconocida en Madrid, decidieron marcharse a Valencia. Aunque intentaron restablecer de manera clandestina Mujeres Libres no se logró. La pintura y la poesía volvieron a ser una salvación para Lucía Sánchez Saornil, que murió a los 74 años de cáncer. Poco después de su muerte, con la Democracia, Mujeres Libres volvió a existir y se hace un trabajo de reconocimiento ante la figura de las fundadoras. 

También del pensamiento que dejaron. Ella defendía que las mujeres sufrían una doble explotación: como ser humano ante el capitalismo y como mujer ante el hombre. Defendió el amor libre frente a la institución tradicional de la mujer y que la maternidad solo era una opción para la mujer, no un fin. “Para un anarquista, antes que el trabajador, está el hombre, antes que la madre debe estar la mujer”, decía en la revista Solidad Obrera. 

 
Laura L. Ruiz, periodista experta en igualdad



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Romance de “La Libertaria”

María Silva por nombre

ya era un romance certero. 

María Silva traía

los grandes ojos ardiendo,

muda su lengua andaluza,

 pálido el rostro moreno

y un espasmo de terror

por las entrañas adentro. 

Estampa de noche trágica. 

Benalup, en su recuerdo

raía como una lima

la carne de su cerebro;

cerebro de niña pobre,

sin pan, sin libro y sin credo.

En una disputa trágica

gritan la llama y el viento;

rayan la noche fusiles

con resplandores siniestros 

buscando al hombre en El Monte 

como el lobo carnicero. 

Dieciséis  años tenía

María Silva incompletos.

¡Ay, María Silva Cruz,

nieta del bravo “Seisdedos”,…

 tus piernas de corza joven 

hacen competencia al viento!

 ¡Corre hacia los negros campos; 

corre viva, corre presto;

salva tus dieciséis años,

tu vida en flor, que aún es tiempo! 

Salta las tapias enanas,

busca refugio en los cerros; 

chacales con voz humana

siguen tu rastro sangriento.

 ¡Corre, María Silva, corre!

Y el sol la alumbró corriendo

por caminos de Jerez,

duros de noche y de invierno.

¡A la zaga iba el destino

como una fiera al acecho!

En cárceles tenebrosas

–Cádiz, Sevilla– murieron

como dieciséis jazmines

dieciséis años parleros.

Alguaciles y escribanos

–jeta asquerosa de puercos– 

olisqueaban tu carne

y tu pobreza, sabiendo

que el hambre es la celestina 

mejor de sus trapicheos.

¡Pecado tus ojos grandes,

aún abrasados de incendio,

tu dulce lengua andaluza,

 tu labio tímido y fresco! 

¡Pecado con que soñaban 

sus apetitos sin freno!

Un incentivo, tu llanto,

mejor que un dique a su sueño 

Y la flor de tu inocencia,

 aguijón de su deseo.

Fuera botín descontado

tu carne, carne del pueblo,

si en la sombra no velaran 

como dos puntas de acero

 –carne de tu misma carne–

un afán con ojos negros.

 Quebró el destino su vara

y te miró con respeto.

¡Ay, María Silva Cruz,

 (“Libertaria”, por tu abuelo), 

qué poco dura la dicha!

¡qué poco dura!, ¡ay! El tiempo 

mide con varas distintas

una alegría y un duelo.

Apenas tuviste un dulce

collar de brazos morenos, 

roncos cañones tronaron

sus tempestades de hierro; 

Atila picó de espuelas

su raudo potro siniestro;

sobre los campos de España

la sal del odio vertieron, 

porque no dieran más pan

que el pan de su privilegio.

Se desbordaron de sangre

el Guadalquivir y el Ebro; 

torrentes rojos teñían 

montes, collados y oteros;

y a la luna subió el grito

de guerra del pueblo ibero. 

–¡A las armas!, camaradas,

¡a las armas!, que los perros 

han quebrado sus carlancas. 

¡A las armas! ¡Rompan fuego!

 Lucha cruel han trabado

la aristocracia y el pueblo

y en un revuelto amasijo

de carnes rotas y nervios,

 rugen por tierras de España 

cada uno de sus fueros.

 –¡Camaradas, a las armas!

 ¡El grito deshizo el cerco 

adorable de los brazos

y quebró desnudo el cuello! 

Sola, no, que ya reclinas

un sueño de oro en tu pecho;

 aún tienes una sonrisa

que devuelve tu reflejo. 

¡”Libertaria”, has de ser fuerte! 

María Silva, ¡de hierro!

Pedazos de tus entrañas 

necesitan tu alientos.

Látigos hienden la noche. 

–Corazón mío, es el viento…

Y María Silva canta:

–“Duerme…, nanita…, arrapiezo.”

Puños de gigante baten

la puerta del aposento

y la noche entra de pronto, 

negra de horror y misterio.

 –Ráfagas de fuego arrancan 

desgarrones de silencio–.

 ¡Ay María Silva Cruz,

carne dolida del pueblo!

 Rugió brutal el destino,

–¡Al fin, María Silva! ¡Fuego!

 ¡Ay!, María Silva Cruz 

(“Libertaria”, por tu abuelo),

 ¡carne de tu misma carne,

te vengará el pueblo ibero!



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Mercedes Comaposada




Mercedes Comaposada Guillén (1901-1994), nació en Barcelona y murió en París. Estudió en una escuela graduada y aprendió mecanografía a los doce años, abandonó los estudios para empezar a trabajar como montadora en una empresa de producción cinematográfica. Hacia 1916-1917 se afilió a CNT y  antes de cumplir los veinte años se marchó a Madrid a estudiar Derecho, carrera que no terminó,  formándose como pedagoga.
 
Durante los primeros años de la II República, conoció a dos personas importantes en su vida: Lucía Sánchez Saornil, con quien  coincidió en la prensa libertaria donde trabajaban ambas y Baltasar Lobo, escultor e ilustrador al que conoció en 1932 en los ambientes anarquistas y de vanguardia que frecuentaban ambos. Cuando se conocieron ella era una mujer que sobrepasaba la treintena y Lobo un veinteañero atraído por el anarquismo. Empezaron a convivir juntos en 1934 y se casaron en octubre de 1936.

Valeriano Orobón Fernández la convenció en 1934 de ponerse al frente de una especie de “centro de estudios para la juventud” en la Federación Local de Sindicatos de Madrid,  dirigido a grupos de obreros/as para prepararlos y capacitarlos a través de clases elementales, charlas, debates y conferencias.

Comaposada y Sánchez Saornil, amigas, además de compañeras de ideas, se “confabularon” en sus paseos por el parque del Retiro para dar lugar a algunas iniciativas que se revelaron decisivas tiempo después. Comaposada debió explicarle que los cursos encargados por Orobón no funcionaban y, pese a que eran partidarias de la enseñanza mixta, decidieron separar a las mujeres de sus compañeros para dotarlas de una personalidad autónoma que les permitiera incorporarse a los sindicatos y ateneos, pudiendo desempeñar cualquier cargo en las organizaciones libertarias.

La segunda decisión fue impulsar la aparición de una revista, iniciativa a la que se unió Amparo Poch: “la labor a desarrollar tenía dos expresiones: una interior, clases elementales, y otra exterior, Mujeres Libres”. De esta manera empezó la trayectoria pedagógica de Comaposada y el proyecto de la revista. Sus compañeras coincidían en resaltar la importancia de Comaposada en Mujeres Libres a través de sus cursillos, clases orales y conferencias para preparar a mujeres muy jóvenes sin preparación académica alguna. Estas clases buscaban la preparación cultural, la formación social, (sindical y sociológica), y la orientación en la propaganda: “nos preparaba para poder dar charlas y pequeñas conferencias, y nos acompañaba para darnos confianza, y brindarnos su calor humano”. 

Esta tarea de formación y capacitación empezó en Madrid en las clases que daba en la Federación Local y continuó en Barcelona a partir de 1936. Quizás por su salud delicada decidió, en cuanto estalló la Guerra civil, quedarse a vivir en su ciudad de origen, separada de su compañero, que no fue a Barcelona hasta finales de 1938.

El difícil destino de los y las exiliadas lo vivieron como miles de personas puesto que ella fue ingresada en el Champ la Lioure, cerca de la localidad de Chomérac y Lobo en Argelès sur Mer. Ambos se evadieron de estos campos de internamiento y a mediados de 1939 se encontraron en París.

La pareja Comaposada/Lobo se encontró en una situación problemática: sin papeles, sin dinero, (para intentar el viaje a México), y vagabundeando por las calles con el exclusivo apoyo de otros refugiados/as. Ella había salvado, y llevado consigo en su huida, dibujos de Lobo que le llevaron a Picasso; gracias a su protección consiguieron pasaporte y residencia, pudiendo quedarse a vivir en París. Quizás por ello Picasso ejerció una importante influencia sobre la pareja, incluso ideológica, que les acercó al comunismo. Según opinión de Sara Berenguer, Comaposada cuando marchó al exilio se replegó en sí misma y se  consagró a la obra de su marido.

Su manera de entender el feminismo

Comaposada hilvanó durante la Guerra civil una red de cordialidad entre mujeres capacitadas por su formación y mujeres con poca preparación académica para enseñarles herramientas culturales básicas y que estas capacitaran a su vez a otras , haciendo crecer esas redes de emancipación que nunca olvidaron. El malestar con sus compañeros de organización acercó a muchas de estas jóvenes a Mujeres Libres , (organización y revista), viviendo una experiencia vital que no olvidaron nunca. La Guerra civil desencadenó una red solidaria que permitió a las mujeres obreras alfabetizarse, leer, ampliar sus horizontes, cambiar de trabajo, tener iniciativa propia, en definitiva, romper la cadena patriarcal de sumisión secular.

La concepción feminista de Comaposada se centró en el papel fundamental del acceso a la cultura y la educación de la mujer obrera. La cultura dotaría a las mujeres de capacitación espiritual para conseguir “el cultivo de la sensibilidad que enriquece la vida” y la mejora de “la sensibilidad individual, la percepción y la expresión esencial de las cosas”. Esta capacitación les permitiría aprender a saborear la vida en toda su plenitud, sabiendo apreciar el arte, la belleza o la literatura.

La cultura dotaría a las mujeres también de capacitación material: las obreras podrían acceder a empleos  mejor pagados, que les permitieran ganar en autonomía personal, para romper con las relaciones de dependencia respecto a los hombres. Ese ambicioso plan de capacitación espiritual y material, que Comaposada fue tejiendo con delicadeza y sabiduría, encontró su concreción en los institutos de Mujeres Libres y en el Casal de la Dona Treballadora.

Las mujeres tenían que superarse, cambiar su personalidad heredada del pasado para crear una nueva; Comaposada aborrecía y rechazaba el arquetipo de mujer pasiva, que consideraba a las mujeres incapaces de cambio. Esta pasividad solo favorecía a los hombres, las mujeres eran capaces de cambiar, impulsando una transformación llena de sorpresas vitales. El cambio con el que soñaba no se basaba en imitar al hombre, la mujer tenía que partir de las virtudes de la naturaleza femenina, la clave del cambio estaba en las mismas mujeres, consistía en ser ellas mismas, “naturales“, rechazando la artificiosidad.

Antonina Rodrigo y Laura Vicente


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“A la mujer le corresponde, en nuestra lucha, la tarea más ardua: ha de comenzar por combatir consigo misma hasta conquistarse: ha de crearse una auténtica personalidad, al mismo tiempo que la ejercita; ha de robustecer su sentido humano, a la vez que se prepara para un trabajo útil; debe asumir la responsabilidad que, por mitad, le corresponde en la Revolución y en la guerra, aportando su trabajo, sus iniciativas, su valor heroico y sereno”.


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“Encauzar la acción social de la mujer, dándole una visión nueva de las cosas, evitando que su sensibilidad y su cerebro se contaminen de los errores masculinos”. 


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“Mujeres, tenemos que colaborar, en la hermosa obra de la humanidad; mujeres, mujeres, necesitamos nuestra unión el día que estalle nuestra gran revolución”. 


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Ana María Sagi




Ana María Martínez Sagi (Barcelona, 16 de febrero de 1907 - Sampedor, Barcelona, 2 de enero de 2000) fue una poetisa, sindicalista, periodista, feminista y atleta española, campeona de España en lanzamiento de jabalina, ​ plusmarquista y pionera del deporte femenino español. 

Nació Ana María en el seno de una familia de la alta burguesía catalana. De padre empresario y directivo del FC Barcelona,  con talante humano y preocupado porque sus  trabajadores tuvieran condiciones dignas en el trabajo, y de una madre conservadora que durante su infancia intentó sembrar, infructuosamente, en Ana María los valores de la mujer burguesa. Nunca congenió con la progenitora con la que tuvo encontronazos variados por las diferencias de carácter que las marcaban.

En su casa se hablaba español porque los progenitores despreciaban el catalán como idioma de payeses. Fue una criada de la casa, llamada Soledad, quien le enseñó expresiones catalanas, a desenvolverse en las Ramblas, tomar el metro y perder los miedos de una burguesa de la época. Con ella dio los primeros pasos en pos de una liberación posterior.

Debido  a un trastorno metabólico que le hacía engordar, su padre consultó  al doctor Marañón a fin de encontrar un tratamiento que la regulara. Este comprobó que sus ovarios y matriz estaban atrofiados, la recetó tintura de yodo, dieta y deporte para paliar el exceso de peso.  Ana María siguió los consejos del doctor Marañón, hasta el extremo de convertirse  en una atleta a la que ningún deporte se le resistía. El tenis, baloncesto, natación, esquí, atletismo… fue plusmarquista nacional en lanzamiento de jabalina. Para ella el deporte era la forma de consolidar el poder femenino cultivando el cuerpo, haciéndose fuerte trazando un plan de empoderamiento feminista.

Avalada por los éxitos deportivos, a los 27 años es nombrada directiva del Fútbol Club Barcelona, convirtiéndose en la primera mujer del mundo en tener cargo de responsabilidad en un club de fútbol.

Además del deporte descollaba en la poesía, publicando un libro que fue muy celebrado. Pérez Ruano se entusiasma con su obra, la entrevista y manifiesta su admiración considerándola sucesora de Rosalía. Elisabeth Mulder, poeta como ella, también considera su obra dedicándole estas palabras en la revista La Noche “La irrupción de una mujer que canta entre tantas que gritan”.

Ambas mujeres se conocen, Ana María queda impresionada por la belleza serena de Mulder y se enamoran. Es posible que el amor de Sagi por Mulder fuera más fuerte, incluso obsesivo tanto que llega a ahogar a Margareth. Pasan unos días juntas, que marcan a Segi para el resto de su vida, pero renuncia a su amor debido a las convenciones sociales. Mulder era viuda, tenía un pequeño de siete años de su matrimonio, quizá todo contribuyó a deshacer el idilio, también es posible que la falta de respuesta de Elisabeth ahogara la difícil relación. El resto de la poesía de Ana María Sagi quedó marcado por ese amor frustrado, por los días que en 1932 pasó en compañía de Elisabeth y que fueron vividos por Ana María como el culmen de una felicidad perdida

En la entrevista que Ruano le realiza, en plena dictadura de Primo de Rivera, manifiesta sin reparos que se siente ante todo republicana. Forma parte del Club Femení i d'Esports, lo cual era una manifestación clara de su rebeldía y feminismo. Sus escritos la muestran como una mujer sin miedo y con un verbo revuelto y revolucionario  que le ocasiona problemas.

Escuchando un día a Durruti en un mitin en Pedralbes queda atrapada por su verbo y abraza el anarquismo, lo que también marcará su futuro. Comienza la guerra, ella tiene un trabajo burocrático que abandona marchando al Frente de Aragón para realizar las crónicas de guerra que libraban los batallones anarquistas. Al acabar la guerra se exilia en Francia, duerme en parques, se hace pescadera, pintora de calle… Entra en la Resistencia y es perseguida por la Gestapo. En una ocasión la mujer del Aga Khan la conoce siendo pintora callejera y la encarga pintar una de sus mansiones. Poco después se dedica a cultivar yerbas medicinales hasta que marcha a EEUU donde da clases en la Universidad de Francés y Español.

En 1977, muerto el dictador, regresa a España donde su obra es desconocida y decide ocultarse en el anonimato. En 1999, siendo una anciana enferma, Juan Manuel de Prada, fascinado por su enorme personalidad la conoce y entrevista. Labran una amistad en la que ella le confía toda su obra inédita, que más tarde él publicará bajo el título: La voz sola.

Mientras la trata, de Prada escribió una novela: Las esquinas del aire, inspirada en la vida de Ana María; justamente al acabar de corregir el manuscrito muere en el año 2000.

Mujer importante que rompió moldes en el deporte, siendo pionera tanto en su práctica como siendo directiva, feminista, republicana y anarquista, además de una gran escritora. Sus artículos publicados desde el frente son de un vigor que apasiona, a la vez que su obra poética posee gran talento. Por su obra y su peculiar vida, merece un reconocimiento y recuerdo perenne.

María Toca Cañedo



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Venía tu cuerpo moreno
en el agua rosada del río.
Un viento, de pena callada,
retorcía los grises olivos.
Venía tu cuerpo moreno,
inmóvil y frío.
El agua, cantando, pasaba
por tus dedos rígidos.
¡Venías tan pálido,
soldado, en el río!
La boca cerrada, las manos heladas,
la piel como el lirio;
Y una herida roja, en la frente blanca,
y una luz de aurora, en los ojos limpios…
¡Qué muerte la tuya, soldado del pueblo,
bravo miliciano, corazón amigo;
qué muerte más dulce, cien brazos de agua
ceñidos en torno de tu rostro lívido!
No venías muerto sobre el agua clara;
Sobre el agua clara, venías dormido:
Un clavel granate, en la sien nevada,
y en los ojos quietos, dos luceros vivos.
¡Qué pálido y frío,
venía tu cuerpo moreno
sobre el agua rosada del río!


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Fusión

Me persigues ¡oh sombra!

con obstinación fría

atándome los puños

segándome la risa

parándome la sangre

y el pulso de la vida.

A tu viento tenaz

dócilmente me inclinas.

Te prolongas en mí

penetrando furtiva

mis silencios de yedra

mis murallas erguidas.

Ya mi voz no es mi voz

ni la tristeza es mía

ni sé ya qué raíz

está ardiendo en mi herida.

Suspendida en el tiempo

sobre enjambre de cimas

de mareas nocturnas

de selvas abatidas

emigro ineluctable

como un agua suicida

al desierto angustiado

de tu alma sin orillas.


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Serenidad

¡Serenidad, serenidad!, escucha,

mi voz grave y dolida,

la voz hecha de angustia y amargura

infinita.

Estréchame en tus brazos y haz que el viento

se lleve mis melancolías.

Déjame el alma limpia de inquietudes,

como una primavera florecida

de soles, de capullos, de canciones,

de arrullos y de risas…

¡Serenidad, serenidad! Mírame hondo

con tus claras pupilas!


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Tortura

¡Oh, Dios; cómo duele a mi alma

su zarpazo infame,

y se hunde la frente que oculta

la huella humillante!

Y no sé… Y no sé… Tengo miedo

de no poder arrancarle,

de que me arrastre en su vértigo

de que me venza y me aplaste,

¡y me convierta en esclava

que no puede liberarse!

¡Pensamiento!¡Pensamiento!

Huracán que levantas tempestades.

Llama ardiente y pavorosa que me quemas.

Marea alta que me llevas y me traes.

¿No te dan compasión mis ojos limpios?


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