Mujeres libres
Amparo Poch y Gascón
Lucía Sánchez Saornil
María Silva por nombre
ya era un romance certero.María Silva traíalos grandes ojos ardiendo,muda su lengua andaluza,pálido el rostro morenoy un espasmo de terrorpor las entrañas adentro.Estampa de noche trágica.Benalup, en su recuerdoraía como una limala carne de su cerebro;cerebro de niña pobre,sin pan, sin libro y sin credo.En una disputa trágicagritan la llama y el viento;rayan la noche fusilescon resplandores siniestrosbuscando al hombre en El Montecomo el lobo carnicero.Dieciséis años teníaMaría Silva incompletos.¡Ay, María Silva Cruz,nieta del bravo “Seisdedos”,…tus piernas de corza jovenhacen competencia al viento!¡Corre hacia los negros campos;corre viva, corre presto;salva tus dieciséis años,tu vida en flor, que aún es tiempo!Salta las tapias enanas,busca refugio en los cerros;chacales con voz humanasiguen tu rastro sangriento.¡Corre, María Silva, corre!Y el sol la alumbró corriendopor caminos de Jerez,duros de noche y de invierno.¡A la zaga iba el destinocomo una fiera al acecho!En cárceles tenebrosas–Cádiz, Sevilla– murieroncomo dieciséis jazminesdieciséis años parleros.Alguaciles y escribanos–jeta asquerosa de puercos–olisqueaban tu carney tu pobreza, sabiendoque el hambre es la celestinamejor de sus trapicheos.¡Pecado tus ojos grandes,aún abrasados de incendio,tu dulce lengua andaluza,tu labio tímido y fresco!¡Pecado con que soñabansus apetitos sin freno!Un incentivo, tu llanto,mejor que un dique a su sueñoY la flor de tu inocencia,aguijón de su deseo.Fuera botín descontadotu carne, carne del pueblo,si en la sombra no velarancomo dos puntas de acero–carne de tu misma carne–un afán con ojos negros.Quebró el destino su varay te miró con respeto.¡Ay, María Silva Cruz,(“Libertaria”, por tu abuelo),qué poco dura la dicha!¡qué poco dura!, ¡ay! El tiempomide con varas distintasuna alegría y un duelo.Apenas tuviste un dulcecollar de brazos morenos,roncos cañones tronaronsus tempestades de hierro;Atila picó de espuelassu raudo potro siniestro;sobre los campos de Españala sal del odio vertieron,porque no dieran más panque el pan de su privilegio.Se desbordaron de sangreel Guadalquivir y el Ebro;torrentes rojos teñíanmontes, collados y oteros;y a la luna subió el gritode guerra del pueblo ibero.–¡A las armas!, camaradas,¡a las armas!, que los perroshan quebrado sus carlancas.¡A las armas! ¡Rompan fuego!Lucha cruel han trabadola aristocracia y el puebloy en un revuelto amasijode carnes rotas y nervios,rugen por tierras de Españacada uno de sus fueros.–¡Camaradas, a las armas!¡El grito deshizo el cercoadorable de los brazosy quebró desnudo el cuello!Sola, no, que ya reclinasun sueño de oro en tu pecho;aún tienes una sonrisaque devuelve tu reflejo.¡”Libertaria”, has de ser fuerte!María Silva, ¡de hierro!Pedazos de tus entrañasnecesitan tu alientos.Látigos hienden la noche.–Corazón mío, es el viento…Y María Silva canta:–“Duerme…, nanita…, arrapiezo.”Puños de gigante batenla puerta del aposentoy la noche entra de pronto,negra de horror y misterio.–Ráfagas de fuego arrancandesgarrones de silencio–.¡Ay María Silva Cruz,carne dolida del pueblo!Rugió brutal el destino,–¡Al fin, María Silva! ¡Fuego!¡Ay!, María Silva Cruz(“Libertaria”, por tu abuelo),¡carne de tu misma carne,te vengará el pueblo ibero!
Mercedes Comaposada
💢💢💢💢💢
Ana María Sagi
Venía tu cuerpo morenoen el agua rosada del río.Un viento, de pena callada,retorcía los grises olivos.Venía tu cuerpo moreno,inmóvil y frío.El agua, cantando, pasabapor tus dedos rígidos.¡Venías tan pálido,soldado, en el río!La boca cerrada, las manos heladas,la piel como el lirio;Y una herida roja, en la frente blanca,y una luz de aurora, en los ojos limpios…¡Qué muerte la tuya, soldado del pueblo,bravo miliciano, corazón amigo;qué muerte más dulce, cien brazos de aguaceñidos en torno de tu rostro lívido!No venías muerto sobre el agua clara;Sobre el agua clara, venías dormido:Un clavel granate, en la sien nevada,y en los ojos quietos, dos luceros vivos.¡Qué pálido y frío,venía tu cuerpo morenosobre el agua rosada del río!
〰〰〰〰〰〰〰〰〰
Fusión
Me persigues ¡oh sombra!
con obstinación fría
atándome los puños
segándome la risa
parándome la sangre
y el pulso de la vida.
A tu viento tenaz
dócilmente me inclinas.
Te prolongas en mí
penetrando furtiva
mis silencios de yedra
mis murallas erguidas.
Ya mi voz no es mi voz
ni la tristeza es mía
ni sé ya qué raíz
está ardiendo en mi herida.
Suspendida en el tiempo
sobre enjambre de cimas
de mareas nocturnas
de selvas abatidas
emigro ineluctable
como un agua suicida
al desierto angustiado
de tu alma sin orillas.
〰〰〰〰〰〰〰〰〰
Serenidad
¡Serenidad, serenidad!, escucha,
mi voz grave y dolida,
la voz hecha de angustia y amargura
infinita.
Estréchame en tus brazos y haz que el viento
se lleve mis melancolías.
Déjame el alma limpia de inquietudes,
como una primavera florecida
de soles, de capullos, de canciones,
de arrullos y de risas…
¡Serenidad, serenidad! Mírame hondo
con tus claras pupilas!
Tortura
¡Oh, Dios; cómo duele a mi almasu zarpazo infame,y se hunde la frente que ocultala huella humillante!Y no sé… Y no sé… Tengo miedode no poder arrancarle,de que me arrastre en su vértigode que me venza y me aplaste,¡y me convierta en esclavaque no puede liberarse!¡Pensamiento!¡Pensamiento!Huracán que levantas tempestades.Llama ardiente y pavorosa que me quemas.Marea alta que me llevas y me traes.¿No te dan compasión mis ojos limpios?





No hay comentarios:
Publicar un comentario