MUJERES LIBRES
Mujeres Libres: las anarquistas que revolucionaron la clase obrera
A finales de la II República unas 21.000 anarquistas se agruparon formando el primer movimiento feminista radical de auténtica base popular en España. Uno de los grupos precursores de reivindicaciones por la liberación de género que, tantos años después, siguen estando presentes en la actualidad.
Se dice de la historia que la escriben los vencedores, pero lo que no se dice es que los vencedores, casi en su totalidad, son hombres. Y, tampoco se dice, que estos suelen olvidarse de las mujeres: si echamos una mirada hacia atrás y pensamos en los grandes momentos de cambio de la humanidad, o en las grandes revoluciones, ningún o casi ningún nombre de mujer nos viene a la cabeza.
La historia de España no ha sido meos dura con las mujeres, enterrando durante muchos años el papel que tuvieron durante la época más revuelta del país, la Guerra Civil. Sin embargo, organizaciones sociales intentan constantemente hacer un hueco en nuestra memoria colectiva y enfrentar el olvido. Como ejemplo, CGT y Mujeres Anarquistas con la Agrupación de Mujeres Libres. Una organización que se conformó entonces como el primer movimiento feminista radical de auténtica base popular y precursor en la lucha por reivindicaciones que, tantos años después, siguen estando presentes en la actualidad.
¿Cómo nacieron?
A finales de la II República en una dinámica política y cultural que abría nuevas posibilidades para la participación de las mujeres en la lucha social. CNT, la Confederación Nacional del Trabajo, era desde 1910 la central sindical principal orientada por el anarquismo, de la que después derivó la CGT. Un sindicato que contaba con una presencia alta de mujeres y que reconocían los derechos laborales básicos como la libertad económica o la igualdad de salario, pero en el que poco se ideaban iniciativas de luchas específicas.
Ante esto, las mujeres necesitaron marcar su propio camino. En Barcelona, núcleo principal del movimiento anarquista, se fundó en 1934 el Grupo Cultural Femenino, pionero de las articulaciones de mujeres dentro del sindicato. Pero el estallido de la guerra civil cambió el ritmo de las formaciones, avanzaron y decidieron entonces crear su propia organización. El 2 de mayo de 1936 varias mujeres publicaron el primer número de la revista Mujeres Libres que, como relata Paula Ruíz Roa, responsable de la secretaría de la mujer de CGT "sirvió de base para la constitución del grupo libertario y la organización de su primer primer - y único - congreso que pudieron realizar en agosto de 1937". En poco tiempo, pasaron a contar con 147 agrupaciones locales y 21.000 mujeres afiliadas.
El primer grupo autónomo de mujeres
Desde sus inicios, Mujeres Libres se formaron como un grupo totalmente autónomo. La mayoría de las militantes ya formaban parte de otras organizaciones del movimiento libertario – CNT, FAI, Juventudes Libertarias -, sin embargo, no se subordinaron a ninguna de las estructuras previas.
Esta fue una batalla de las anarquistas, por el rechazo que generó dentro del movimiento libertario una organización sólo de mujeres: "Fueron ellas quienes hicieron ver que era necesario separar las organizaciones de toda la clase trabajadora de las organizaciones de las mujeres para diferenciar las reivindicaciones de ambos, porque dentro de la lucha de la clase obrera no se le daba la importancia que tenían", explica a Público el actual secretario de CGT, José Manuel Muñoz Póliz.
La escritora e historiadora estadounidense Martha Ackelsberg señala que el mayor logro de la organización fue ser las "pioneras de las organizaciones feministas" y "unir la lucha contra la explotación capitalista con la opresión patriarcal". Así fue, Mujeres Libres seguía la línea ideológica de CNT, pero desarrolló su propio objetivo: emancipar a la mujer de la triple esclavitud, "esclavitud de ignorancia, esclavitud de mujer y esclavitud productora". Con el inicio de la guerra, se marcaron otra meta, "aportar una ayuda ordenada y eficiente a la defensa de la República".
Reivindicaciones aún presentes en la actualidad
"Lo que más llama de atención de este grupo es cómo plantean la problemática de la mujer. Sobre todo en aquella época, con temas que abarcan desde la abolición de la prostitución, la educación mixta, comedores o guarderías populares o el amor libre. Reivindicaciones que llegan a la mayoría de izquierda mucho después, en la década de los 70", cuenta el historiador brasileño Thiago Lemos Silva, que ha estudiado durante más de diez años la historia de esta agrupación.
Desde sus inicios reclamaron la importancia de la incorporación de la mujer al trabajo asalariado, realizando múltiples trabajos, además de las actividades de retaguardia: desde la alfabetización hasta la capacitación en el trabajo en todas los sectores laborales. Y, para que esta incorporación no fuera una doble carga para las mujeres, reclamaban – igual que en la actualidad- y pusieron en marcha comedores y guarderías populares en los lugares de trabajo.
Trabajaron en la retaguardia y en las fábricas, alfabetizando y capacitando a centenares de mujeres
Rompieron con la idea de que el hogar y las relaciones de pareja eran privadas: denunciaban con fervor el control dentro de la propia pareja y desde el propio estado e Iglesia católica. Proclamaban el amor libre y denunciaban que el modelo tradicional de familia fomenta las desigualdades. Por un lado, porque mantiene las dependencias económicas en la que se sustenta el patriarcado. Por otro, porque ampara la sumisión de las mujeres a los hombres dentro de la familia por lo que carecían de todo derecho de expresarse en ella.
Otro de los temas que más destacaron fue la educación infantil. Aseguraban que en las escuelas se adquiere una mentalidad encasillada por los valores burgueses por lo que era esencial que la educación diese un giro total potenciando una escuela para la libertad. Dentro de la educación, además, reclamaban la necesidad de la educación sexual, planteando temas hasta entonces tabúes como los métodos anticonceptivos o el aborto.
La represión contra las anarquistas
Como con casi todos los grupos revolucionarios, la represión durante la guerra por parte de las tropas franquistas fue colosal. Más con los grupos de mujeres como éste, que suponían un doble peligro al no luchar sólo por la emancipación de la clase obrera, sino también por la emancipación de la mujer.
Parece una tarea imposible documentar el número exacto de mujeres que pasaron por el calvario de la tortura, de los asesinatos, de las desapariciones y de la violencia sexual. Pero sí sabemos que, al igual que como la mayoría de milicianas y militantes, las integrantes de Mujeres Libres acabaron en la cárcel, en el exilio o, en el mejor de los casos, sometidas a un silencio absoluto, negando haber participado en esta organización. Ni desde el extranjero consiguieron mantener estructuras organizadas en la clandestinidad, por lo que, a los tres años, en 1939, Mujeres Libres acabó disolviéndose. Aunque sí han mantenido un legado: "crearon un gran deseo de libertad en las mujeres, en todas nosotras", afirma Ruíz Roa. Y es que, como también señala Thiago, "hay que conocer la historia de estas mujeres para poder cuestionar el machismo".
MUJERES LIBRES, PIONERAS DEL ANARCOFEMINISMO
Mujeres Libres (1936): grupo de mujeres anarquistas y revista libertaria
En 1936 surgió en Madrid un grupo emancipatorio de mujeres militantes anarquistas con el propósito de sacar una revista y distribuirla dentro del movimiento libertario. En su inicio, contaban sólo con 500 afiliadas, pero fueron creciendo y se convirtieron en una de las organizaciones más importantes, hasta sumar 20.000 asociadas en 1938.
Su objetivo era facilitar a las mujeres los medios prácticos para que éstas pudiesen incorporarse a la producción a través de la cultura, proporcionando formación técnica y profesional, con el fin de reivindicar trabajo digno y liberar a las mujeres de la incultura de siglos. Algunas de sus protagonistas fueron Mercedes Comaposada Guillen (Barcelona 1901 - París 1994), Amparo Poch Gascón (Zaragoza 1902 - Toulouse 1968) y Lucía Sánchez Saornil (Madrid 1895 - Valencia 1970) que, junto a otras compañeras, editaron el primer ejemplar de la revista, como órgano de expresión, bajo el título Mujeres Libres en mayo de 1936.
Por aquel entonces había llegado su momento: mujeres de todas las edades, de todas las profesiones y de ninguna, acudían de todas partes a ofrecer su trabajo y entusiasmo, ocupándose en lo que fuera necesario.
La revolución social supondría una oportunidad para lograr una doble ruptura: la erradicación del privilegio de clase y la hegemonía patriarcal. La agrupación Mujeres Libres (ML) siempre estuvo vinculada al movimiento libertario, aunque nunca llegó a estar integrada formalmente dentro de los tres bastiones que conformaban el anarquismo español: Confederación Nacional del Trabajo (CNT), Federación Anarquista Ibérica (FAI) y Juventudes Libertarias (JJ. LL.).
Su actividad se extendió, primero, a través de agrupaciones locales hasta conseguir configurar una federación nacional con representación en las principales capitales, pero también en los pueblos más humildes. Una de sus demandas fue la alianza entre mujeres y el reconocimiento recíproco, tal y como emana del himno escrito por su poeta, Lucía Sánchez Saornil, y otras canciones cargadas de sororidad: «Mujeres, tenemos que colaborar, en la hermosa obra de la humanidad; mujeres, mujeres, necesitamos nuestra unión el día que estalle nuestra gran revolución». (Canción titulada A las Mujeres).
Organización y capacitación de las mujeres para el presente y el futuro de una vida libertaria
Una de sus finalidades fue la de capacitar a las mujeres, (aún sin alfabetizar), creando institutos o academias en las que aprendían un oficio para su futuro y para el presente de la revolución. La guerra les ofrecería ocupar oficios que antes habían sido ejercidos exclusivamente por hombres, por eso no bastaba con coser o cuidar heridos. La retaguardia tenía que funcionar de manera organizada y el ML no perdonó medio, ni ocasión, para llevar adelante sus objetivos de capacitación femenina y de asunción de responsabilidades en la preparación de su porvenir hacia la paz.
La agrupación formó parte de Solidaridad Internacional Antifascista (SIA), realizando campañas de ayuda y protección hacia las personas más desfavorecidas, incluyendo a la población afectada por los bombardeos fascistas. La organización tenía un carácter social y de apoyo mutuo, junto a una concepción de familia basada en la humanidad, desde la que se ejercitaba un posicionamiento y una actitud verdaderamente libertaria. Su proclama era la de la organización de la vida social a través de un modelo igualitario: «Todos nacemos iguales, la naturaleza no hace distinción». De igual modo, perseguían la concienciación y aspiraban a la organización colectiva, reivindicando la relación entre las personas y las comunidades: «hermanas que amáis con fe la libertad, habéis de crear la nueva sociedad», cantaban las compañeras entre 1936 y 1939.
La cultura en el centro: hacia el empoderamiento y la autonomía de las mujeres
Las actuaciones en el ámbito de la cultura fueron numerosas: impartieron clases de formación, avicultura, mecánica, agricultura, etc.; realizaron visitas al frente e intervinieron en la radio con charlas informativas y conferencias. También ofrecieron servicios de solidaridad y crearon escuelas, hospitales de sangre, guarderías y colonias escolares permanentes.
En cuanto a la propaganda, editaron carteles, pasquines, manifiestos y publicaron folletos insertos en su colección «Ciencia en la Mochila», dirigida a camaradas ácratas que luchaban en el frente. Además, colaboraron con los ateneos libertarios, formaron parte de las colectividades y celebraron dos Congresos de Mujeres Libres, uno en Valencia (1937) y otro en Barcelona (1938).
Continuidad de sus ideales en el exilio: re-cordere…
A principios de 1939, la mayoría de sus protagonistas partieron al exilio: la guerra había terminado. Pese a ello, muchas de estas mujeres continuaron trabajando por sus ideales y así, en 1964, un grupo de ML prosiguió la revista, primero en Inglaterra y después desde Francia. Pepita Carpena Amata (Barcelona 1919 - Marsella 2005), Suceso Portales Casamar (Zahínos, Badajoz 1904 - Sevilla 1999) y Sara Berenguer Laosa (Barcelona 1919 - Montady 2010), bajo el título de Mujeres Libres de España en el Exilio. Portavoz de la Federación. Publicaron sus recuerdos y esperanzas hasta el último número 47, que consiguieron sufragar y editar en 1976, meses después de la muerte del dictador Francisco Franco.
El activismo de Mujeres Libres, junto a su concepción del ser humano y de una sociedad preñada de valores libertarios, quedó invisible a lo largo de la historia del presente. Aun así, su contribución representa un gran ejemplo para los feminismos, pues desarrollaron estrategias de capacitación, teorías y prácticas hacia nuevas direcciones, que, en la actualidad, podrían convertirse en un referente.
Unos versos del poema Mujeres fértiles. Dones fèrtils de la valenciana Rosa Roig, nos sirve de homenaje al recuerdo de esas pioneras que comprendieron el momento histórico que vivían, apostando por un futuro igualitario y libertario. Unos versos que hacen re-cordere (volver a pasar por el corazón), humanizan, nombran lo cierto, pintan lo invisible, reflexionan, visibilizan su labor y hacen memoria:
Mujeres fuertes, mujeres muertas
Piedra fósil. Mujeres reafirmadas
Exhortadas. Enterradas
Mujeres todas, mujeres libres
Recordadas. Estimadas
Silenciadas. Renacidas
Mujeres vivas, mujeres libres.
Dones fortes, dones mortes
Pedra fòssil. Dones dites
Exhortades. Soterrades
Dones totes, dones lliures
Recordades. Estimades
Silenciades. Rebrotades
Dones vives, dones lliures.
Aquí podéis ver el documental «Indomables, una historia de mujeres libres» para completar la información contenida en el artículo.
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En este enlace podéis escuchar el Himno Mujeres Libres, compuesto por Lucía Sánchez Saornil en 1937.
Está interpretado por el coro libertario Iruñea Abesbatza.
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