martes, 26 de diciembre de 2023

ANTONIO RAMÓN RAMÓN

 



Son las 10 de la mañana, reviso que todo esté orden, la botella con veneno en un bolsillo, arreglo el puñal en mis ropas para que no llame la atención mientras camino. Estoy con esa sensación de ansiedad y concentración propia que se da al momento en los momentos antes de dar iniciada una acción. Pienso en mi hermano y compañero, pienso en todos mis otros hermanos obreros y sus familias asesinadas por las balas del ejército chileno por orden de su estado y la burguesía salitrera. Repaso y vuelvo a obtener la misma conclusión, esto es lo correcto, ya no hay vuelta atrás.

Convencido, salgo en dirección hacia el lugar de tránsito habitual del trayecto de Silva Renard, (de su casa al lugar de trabajo), rondo por algunas calles para revisar la ruta y detectar policías, voy mirando el reloj, el general es puntual y tiene una ruta preestablecida, sin embargo, debo estar chequeando, siempre puede haber una eventualidad. 

Veo a la distancia al general, ingreso a una calle lateral, lo dejo pasar para confirmar si es él, y sí, es él. Camino unos metros, preparo mi puñal y salgo tras él. Apuro el paso sin llamar la atención, pienso en mi hermano, en los obreros, me acerco, la respiración se agita, son las 10:15 de la mañana de 1914, saco el puñal y le doy una, dos, tres puñaladas. ¡Ejecuto la justicia popular!

El perro Silva Renard grita de dolor, sus rodillas se doblegan, su esfínter se distiende. Caen líquidos y sangre tibia. Rápidamente, doy otro golpe. Esta vez en su oreja izquierda; cae sobre la ventana de una de las casas de la calle Viel. Grita, rompiendo el silencio del lugar, intenta forcejear, en su cara puedo ver la sorpresa, el miedo y el terror que sufren aquellos rodeados con el manto de la impunidad al ser atacados, este solo hecho ya es una satisfacción.

El general vuelve a gritar, ahora pidiendo auxilio y llama la atención de los transeúntes. Se ha roto la sorpresa, es momento de la retirada, del escape, debo actuar rápido y salir del lugar; corro y tomo el veneno, pero no hace efecto; me persiguen, corro, lucho, recibo unos sablazos en la cabeza por parte guardias del ejército, caigo, soy detenido y trasladado a la cárcel. Me interrogan, asumo la plena  responsabilidad de la acción, no me arrepiento, he hecho lo correcto, lo justo, lo debido, es mi venganza de amor por mi hermano y a mi clase trabajadora. 

"Yo soy el autor de las lesiones del general Roberto Silva Renard y las he perpetrado en venganza por haber sido el general Silva Renard quien dirigió el fuego contra los obreros asilados en la escuela Santa María, en Iquique, entre los cuales estaba mi hermano ilegítimo Manuel Vaca, que pereció a consecuencia de la descarga de la tropa". 

Soy Antonio Ramón Ramón, El Vengador y he hecho la Justicia del Pueblo. 

1914-2023 -  Conmemoración de los 119 años de la Acción de Antonio Ramón Ramón, nuestro querido Vindicador.

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