martes, 26 de diciembre de 2023

BUEN Y ETERNO VIAJE, SHANE 🏴



"Lo más importante que debemos recordar acerca de los borrachos es que los borrachos son mucho más inteligentes que los no borrachos: pasan mucho tiempo hablando en pubs, a diferencia de los adictos al trabajo que se concentran en sus carreras y ambiciones, que nunca desarrollan sus valores espirituales más elevados, que nunca explorar el interior de su cabeza como lo hace un borracho".

Shane MacGowan, líder de The Pogues, a cargo de Richard Balls. 

Uno de los personajes más singulares del folk-punk, icono irlandés de indeleble dentadura y orejas, leyenda etílica responsable de algunos de los mejores versos para ser coreados puño en alto. Y, una complejísima y contradictoria rara avis, dueño de una improbable historia de tremendos claroscuros con presente feliz. El «hijo pródigo» de Éire Nua… 

Su proverbial, indiscutible «irlandesidad», en realidad no se corresponde con su lugar de nacimiento, —1957, en Pembury, condado de Kent, Reino Unido—, y crecimiento, —no residiría en la Isla esmeralda hasta que The Pogues lo echaron, en 1991, por falta de profesionalidad—. La segunda es que su devenir, música y trayectoria no puede entenderse sin The Commons, la casa de campo de sus abuelos en Tipperary, su Macondo versión celta. 

Así, una furiosa devoción nos habla de suburbios ingleses y mágicos veranos irlandeses. De fuertes vaivenes escolares, entre la promesa del excelso dominador de la lengua y narrador de historias junto a la frustración del bullying, —sobre todo por su aspecto físico—, sufrido en el estirado Westminster. O una adicción a las drogas, —incluido el Valium—, tristemente precoz, que le conduciría, expulsado, al abrupto final de su etapa estudiantil. Y, posteriormente, a un hospital psiquiátrico, donde celebraría su mayoría de edad. Y como el alarido rebelde de Billy Idol lo estuviera esperando, toparse de lleno con la explosión del punk británico.





La aparición y rápido desempeño en la música, —entiéndase por ello no solo su pericia compositiva, sino su vertiginosa adaptación al estilo de vida del punkrocker más pendenciero—, acrecienta la impresión de hallarnos frente al salvajismo del tímido. Una forma positiva de canalizar la energía, —eso pensaban sus padres—, para un joven con tendencia al retraimiento. Una personalidad sensible, potencialmente erudita, brillante con la palabra, abocado a convertirse en Shane O’Hooligan, un kamikaze en el último tramo de los 70 por la gracia de los Pistols e Iggy Pop. The Nipple Erectors, luego The Nips, no tardarían en aparecer.

No obstante, es la muerte del punk, al inicio de los 80, la que nos traerá al Shane MacGowan más reconocible. A rebufo del exitazo de Dexy’s Midnight Runners con «Come on Eileen», lo irlandés se pone de moda, naciendo Pogue Mahone, pronto cambiado, —por lo que sea, bésame el culo no era muy radio-friendly—, a The Pogues tras firmar con Stiff Records. Sin dar el pelotazo, pequeños hits, como la memorable recreación de «Dirty Old Town», dispararán su popularidad. Y sí, vendrían las giras mundiales, —extenuantes, cortesía del manager Frank Murray—, y la inmortalidad con «Fairytale of New York». Pero también el agotamiento y la pérdida absoluta de control de Shane, creador de himnos proletarios y republicanos, (IRA)… y maestro en autosabotaje.




Ahí es donde una furiosa devoción vuelve a desconcertar al lector, por su inesperado desprendimiento. Balls logra que Shane MacGowan y su entorno hablen abiertamente de situaciones patéticas, o directamente sórdidas, —la muerte empieza a rondarlo con frecuencia—. Un camino de autodestrucción a base de cogorzas interminables, drogas cada vez más duras, —fascinante papel de Sinéad O’Connor intentando ayudarle—, y una invalidez que añade dramatismo a su actual figura. Es ese largo tramo donde la biografía deja un halo de imposible supervivencia, —nivel Keith Richards—, y poso triste, imagino que inevitable. ¿Cuál habría sido la historia si no se hubiera machacado tanto? ¿Cuántas canciones hemos perdido?

Pero no acabaré bajonero. Porque una furiosa devoción alberga múltiples instantes de triunfo y lucidez. No sólo con la imparable ebullición de la primera etapa The Pogues, las nuevas aventuras, —con The Popes, The Shane Gang—, o el sentido retorno a la banda madre. Sino al comprobar el afecto y reconocimiento que Shane MacGowan ha cosechado entre conciudadanos y colegas de profesión, culminado en un 2018 donde, además de casarse, obtuvo el Ivor Novello Inspiration Award y, por su 60º aniversario, el Lifetime Achievement Award de manos del presidente Michael D. Higgins.

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