viernes, 13 de enero de 2023

LA MÁQUINA







6 de la mañana: te levantas para ir a trabajar. Piensas que eres libre. Te aseas, desayunas, sales de casa y subes al metro, autobús o a tu coche y te diriges a tu puesto de trabajo. Sigues pensando que eres libre. Después de pasar 8 horas en tu centro de trabajo, (con la mejor de las suertes), vuelves a coger tu medio de transporte para dirigirte a tu casa. Vas a un supermercado a comprar y una vez en casa haces de comer, comes y dispones de muy poco tiempo para tu propio ocio. Te duchas, cenas y, al poco tiempo, te acuestas para estar descansadx para poder seguir produciendo el día siguiente. Y así sucesivamente el resto de tu precaria vida. Entonces piensas… ¿Soy realmente libre?

NO, eres esclavo del sistema capitalista, impuesto por las clases dominantes: eres un esclavo de la máquina.

Y la máquina debe de seguir funcionando a toda mecha, pasando por encima de las ideas, de la solidaridad, de los sentimientos, etc. y, sobre todo, pasando por encima de las personas. La máquina ha hecho de las personas un simple engranaje más, una pieza más. ¿Y cómo hemos llegado a ser una simple pieza más de la maldita maquina? Muy fácil, a través de toda la información que le proporcionamos, gratuitamente, y de la que nos roban: encuestas de cualquier cosa; curriculum vitae que a lo largo de nuestras vidas entregamos; apps; y cómo no, las redes sociales, donde damos toda clase de datos sobre nosotrxs.

Aparte de ello, están las cámaras de vigilancia del tráfico, bancos, tiendas, edificios estatales, y un largo etcétera, que lo único que hacen es tener vigilada a la población. Eso sí, todo por nuestro bien, porque nuestrxs grandes samaritanxs vigilan por nosotrxs. Pero es que desde nuestra más tierna infancia ya nos empiezan a formar y a arrebatarnos información durante todo nuestro tiempo como estudiantes, obligándonos a seguir unas reglas impuestas para que nadie se salga del rebaño y, más adelante, nadie se atreva a discutir el statu quo creado bajo el miedo de ser castigado.

Y, por supuesto, tenemos, mediante los nuevos microchips, la manera más segura de tener vigilada una mercancía en cualquier lugar del mundo y a cualquier hora en todo momento, mediante los AUTO-ID. ¿Qué es el auto-ID? Es un nuevo sistema de rastreo de bienes comunes. Combina tecnología de identificación por radiofrecuencias con ordenadores miniaturizados que permiten la identificación y rastreo de los productos en cualquier punto a lo largo de la cadena mercantil.

El Auto-ID utiliza un esquema de numeración llamado CEP (Código Electrónico de Producto) y su objetivo es crear un mundo físicamente conectado. Su centro tiene financiación y/o participación de multinacionales y universidades de EEUU, Australia, Japón y Suiza. Sus patrocinadores son empresas como Pepsi, Philip Morris y, cómo no, el Departamento de Defensa de los EEUU entre otros…

Pero nada de esto es nuevo, sobre todo, para la clase dominante. Ya en el siglo XVIII el filósofo Jeremy Bentham diseñó el PANÓPTICO. El panóptico es un anteproyecto para una prisión diseñada como un cilindro, con celdas radiando desde el puesto central del guardia. Las celdas siempre iluminadas y el puesto de guardia oscuro. De esa manera, lxs prisionerxs asumen que están siendo vigiladxs en todo momento, convirtiéndose, ellxs mismxs. en sus propixs vigilantes.

Jeremy Bentham:

"El poder ha de ser siempre visible, pero no verificable".

Michel Foucault, acerca del panóptico y la información:

"El panóptico se ha convertido en un modelo para toda la cultura. El mayor efecto del panóptico es inducir en el recluso un estado de consciente y permanente visibilidad que asegure el funcionamiento automático del poder".

La compleja tecnología que conlleva la recogida, procesamiento y compartir la información sobre individuos y grupos que es generada por sus actividades como ciudadanxs, empleadxs y consumidores, y que es usada para coordinar y controlar su acceso a los bienes y servicios que definen la vida, en la moderna economía capitalista.¨

Y es que cuanta más información tenga la clase dominante sobre nosotrxs, más efectivamente podrán controlarnos. De esta manera, mediante la información que poseen sobre nosotrxs, la clase trabajadora que hace funcionar las máquinas que producen los bienes de consumo, disfruta de beneficios para darles la ilusión de que están viviendo una vida buena y placentera y mantenerlos alejados de cualquier otra visión de una mejor vida.

Porque la información es control, y el control da poder.

Así que, la próxima vez que se te ocurra preguntarte si eres libre, piensa en toda la información que has dado a lo largo de tu vida y que sigues dando. Piensa si realmente estás en el trabajo que realmente te gustaría desempeñar y no en el que estás obligado a trabajar. Piensa si dispones del tiempo de ocio necesario para disfrutar de lo que te gustaría hacer. Piensa si realmente diriges tu propia vida o, sin darte cuenta, te la dirigen desde arriba. Y sobre todo piensa si estás, o no, siendo vigiladx en todo momento.


Gorri eta Beltza

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