sábado, 14 de enero de 2023

PEPITO CUEVAS


Murió José Cuevas Casado. Para muchos se nos fue Pepito Cuevas, Pepe, Pepín, como le llamaban por Andalucía y otros lugares, en los últimos años. 

Militante desde los primeros tiempos de la mal llamada transición, tanto en la Confederación como en la «específica». Conoció Via Laietana y la hospedería forzosa de la calle Entenza, precisamente por acudir a una conferencia de grupos. Para su desgracia allí estaba el confidente que marcaría su vida y el destino de la CNT. 

Involucrado en el incendio de la sala de fiesta Scala, junto con otros compañeros, sufrió torturas por parte de la policía y luego, en cada uno de los centros de triturar carne, eran recibidos con el famoso paseíllo de porras y culatas de fusil que, de manera metódica, con un sadis­mo sin parangón, les era aplicado por boqueras y picole­tas que competían por ver quién era más brutal. 

En la cárcel se organizan para plantar cara a cualquier tipo de injusticia, participan en todo intento de fuga. En Carabanchel, donde por motivos judiciales coincidieron con otros compañeros, se organizaron en comuna, sien­do Pepe un cocinero consumado al cual sus compañeros alababan, siempre que le tocaba cocina, por las comidas tan buenas que realizaba.

Una vez en libertad, después de un tiempo ejerciendo su profesión, se va a vivir al Massot, una masía con tie­rras, bosques y pastos. La casa estaba en mal estado y él la recupera, a cambio de no pagar alquiler durante unos años. Cría ovejas, cabras, gallinas y algún pato. Es feliz, dueño de su destino y se le nota. 

Con el paso del tiempo diversifica sus afanes, se hace albañil ocasional, pero con el tiempo gana esta afición al cuidado de los anima­les. Conoce a la que sería la madre de su segundo hijo, deja Massot y se van a Granada. Allí milita en el Sindica­to de Oficios Varios. 

Los últimos años sus facultades físicas se ven merma­das y comienza una batalla por revisar su caso. El tiempo jugó en su contra, la parca llegó antes de que nada se pudiera hacer. 

Es de señalar que ninguna denuncia por torturas y ma­los tratos, de las muchas que se pusieron, prosperó. 

Compañero Pepe, que la tierra te sea leve. 


Daniel C. Fernández





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