Errico Malatesta (2/4)
El 17 de noviembre se produce un atentado en Nápoles contra
el rey Umberto I. Los elementos monárquicos y burgueses de la colonia italiana
de Alejandría organizan una manifestación que terminó al grito de “¡Mueran los
internacionalistas!”. Éstos convocan un mitin de protesta, pero la mañana del
día fijado para ésta, la policía procede al arresto de Malatesta y de sus
compañeros.
Malatesta es enviado a Beirut y, posteriormente, es
embarcado en un barco francés, el Provence, que parte hacia Esmirna. La policía
italiana es informada de este hecho y suben a bordo del Provence para detenerlo,
pero el capitán del barco se niega a autorizar dicha detención y desembarca a
Malatesta en Marsella.
De Marsella prosigue viaje a Ginebra, donde se encuentra con
Koproktin, que prepara la salida de Le Revolté, y a quien ayuda en el trabajo
material de los primeros números. De Ginebra parte hacia Rumanía, donde se
queda algún tiempo, ganándose penosamente la vida impartiendo lecciones de
francés y cayendo enfermo.
Regresa a París, donde se pone a trabajar como mecánico,
toma la palabra en las reuniones públicas, participa en las manifestaciones
callejeras, polemiza con los marxistas en los periódicos…
Malatesta es arrestado el 8 de marzo de 1880, en una
manifestación, y acompañado a la frontera. Se instala en Londres y trabaja
probando un poco de todo, hasta el punto de vender pasta y helados por las
calles. Al final, consigue abrir un tallercito mecánico.
En 1884, en Roma, tiene un juicio junto a más imputados.
Todos hacen declaraciones enérgicas y altivas. Malatesta declara pertenecer a
la Asociación Internacional de los Trabajadores. Sus declaraciones promueven el
escándalo, hasta que el presidente de la sala le quita la palabra. Malatesta es
condenado a tres años de prisión. Terminado el proceso, los condenados apelan
la sentencia y obtienen el derecho a quedar en libertad provisional.
A finales del verano, Malatesta y algunos de sus compañeros
de varias partes de Italia, viajan a Nápoles, donde el cólera hacía estragos,
como voluntarios para curar enfermos. Dos anarquistas, Rocco Lombardo y Antonio
Valdva, mueren víctimas de esta enfermedad.
Cuando termina la epidemia, los anarquistas abandonan
Nápoles y publican un manifiesto para demostrar que la verdadera causa del
cólera es la miseria y que la verdadera medicina no podía ser más que la
revolución social.
Tras el regreso de Malatesta a Florencia, la Corte de
Apelaciones de Roma desestima el recurso de los imputados. Al confirmarse la
sentencia, Malatesta huye y consigue embarcarse hacia América del Sur, con la
ayuda de varios compañeros.
Malatesta y Natta se instalan en Argentina y, para poder
vivir, abren un pequeño taller mecánico y Malatesta reinicia el trabajo de
propaganda, sea en medio de los numerosos obreros italianos, sea entre
indígenas.
Permanece una temporada en Argentina y regresa a Niza, donde
inicia la publicación de L’Associazione, Le interesa, especialmente,
acercar a los comunistas anarquistas y a los colectivistas anarquistas, pero no
puede quedarse largo tiempo en Niza, dada su calidad de expulsado de Francia
diez años antes.
Antes de ser detenido, se refugia en Londres, publica
escritos sobre el parlamentarismo, sobre las elecciones, sobre el comunismo y
el colectivismo, sobre la organización, etc. También publica una serie de
folletos, entre ellos, la edición definitiva de Entre campesinos, y la
primera edición de La Anarquía.
En noviembre de 1890, escribe el texto de un largo y
enérgico manifiesto abstencionista, con ocasión de las elecciones generales de
aquel año en Italia. Es una especie de declaración de guerra a los
dominadores italianos.
En 1892 viaja a España, primero a Barcelona, luego a Madrid,
Andalucía, etc., haciendo una gira de conferencias junto con Pedro Esteve. Aún
estaba en España cuando, el 6 de enero de 1892, estalla la Revuelta de Jerez de
la Frontera, que se sofocó en sangre.
La policía española sospecha una injerencia de Malatesta en
los hechos, lo busca afanosamente, pero Malatesta consigue desaparecer y
llegar, unos días después, a Londres.
Desde mitad de 1894 a 1896 se producen periodos de fuerte
reacción contra los anarquistas en casi toda Europa. Era posible hacer algo en
Inglaterra y muchos prófugos se refugian en Londres, principalmente franceses e
italianos.
En 1897 regresa a Italia, ya que iba a prescribir su condena
de 1894. Pone en marcha de nuevo el periódico L’Agitazione: el lenguaje
polémico, de propaganda y crítico con las instituciones, era severo y lleno de
calma, privado de toda violencia verbal.
Algunos compañeros le reprochan entonces que es “demasiado
inglés”, pero responde que prefiere exponer sus ideas de modo que puedan llegar
a la gente y ser comprendidas. Muestra cómo se pueden decir las cosas más
atrevidas y audaces con las palabras menos violentas y más razonables.
En 1900 viaja a Cuba, para pronunciar algunas conferencias;
la primera se celebra en el Círculo de Trabajadores. El gobierno local la había
prohibido y, solo en el último momento la permitió, a condición de que no se
tratase en ella de anarquismo. Malatesta hizo una exposición completa de los
principios anarquistas, sin nombrar la palabra “anarquía” y, al finalizar, se
dirigió irónicamente hacia el puesto del delegado gubernativo y le dijo:
“Como ya veis, ya que no había otra manera, he hablado de
todo, menos de anarquía.”
Regresa a Londres, donde vuelve a trabajar como mecánico y,
por las noches, da lecciones de italiano, francés y cultura general a algún
alumno que le caía, para completar los míseros recursos de su trabajo manual.
En Londres aprende esperanto, para poder relacionarse con los compañeros de los
países más lejanos, con los cuales, debido a la diversidad de idiomas, le
habría impedido toda correspondencia.
(Continuará...)

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