martes, 25 de abril de 2023

LA TRACA: FUSILAR AL HUMORISTA. SÁTIRA, CRÍTICA SOCIAL Y HUMOR SIEMPRE CONTRA EL FASCISMO











¡Ay con la Paca!




Vicent Miguel Carceller y Carlos Gómez Carrera 'Bluff' fueron ejecutados en la tapia del cementerio de Paterna el 28 de junio de 1940 por la publicación de viñetas satíricas sobre el dictador en una revista que triunfó en la época de la República

El 10 de junio de 1940, pocos meses después de que finalizara la Guerra Civil, un consejo de guerra dictaba sentencia de muerte contra Vicent Miguel Carceller y Carlos Gómez Carrera ('Bluff'), una pena que fue ejecutada el 28 de ese mismo mes en las tapias del cementerio de Paterna, el conocido como 'Paredón de España', donde se encuentran enterrados los restos de 2.238 represaliados por el franquismo. Su delito, haber publicado viñetas en las que aparecía caricaturizado –y travestido– el dictador Francisco Franco, o sobre una esvástica aplastando España y a sus ciudadanos con el lema: “El sueño del führer español”. Carceller (50 años) y Gómez Carrera (37) habían sido el director y el dibujante estrella de la revista satírica valenciana 'La Traca', “la más polémica, la más jocosa, la más leída” de España.  

              

       

La sentencia, dictada por un tribunal militar, recoge que 'La Traca', semanario propiedad de Carceller, “se dedicaba de la manera más baja, soez y grosera a insultar a las más altas personalidades representativas de las España Nacional, de la dignidad de la Iglesia y los principios informantes del Glorioso Movimiento Salvador de Nuestra Patria, aprovechando la popularidad adquirida en años anteriores, en beneficio de la subversión marxista”, y condena a la pena de muerte a Carceller y Gómez Carrera “como autores del calificado delito de adhesión a la rebelión militar”. También se destruyó su obra. Mejor suerte corrió el también dibujante José María Carnicero, condenado a treinta años de prisión.


                    


                                    

La Traca, que empezó a publicarse en 1884 de la mano de dos valencianos republicanos, Manuel Lluch Soler y Luis Cebrián Mezquita, amigos y hasta discípulos de Constantí Llombart y militantes del sector progresista de la Renaixença. Por eso aquel semanario se escribía en valenciano, sin pretensiones gramaticales, pero con la clara intención de llegar a un máximo de lectores y por tanto acercando el lenguaje escrito al hablado. Aquella La Traca primigenia fue importante. Ciertamente, era fruto de una larga serie de periódicos joco-satíricos, pero creó tendencia por sí misma. Fue una publicación a la contra, inmisericorde con la corrupción (y no sólo política) y deseosa de crear una cultura republicana local de arraigo popular.

El humor y el poder, con frecuencia, se repelen. De modo que la vida de La Traca no fue fácil. La persecución gubernativa a la libertad de expresión tuvo múltiples corolarios: denuncias, multas, prisiones, cambios en la denominación de la cabecera (La Traca devino La Sombra y La Chala), secuestros, meses sin ver la luz… La Traca volvía a levantarse y a encender la mecha de la crítica que, por jocosa, era más tenaz si cabe. La etapa de Lluch Soler pasó, pero emergió la de Vicente Miguel Carceller. 



        


Carceller se había incorporado a la publicación en 1909 y fue su director en la época de mayor éxito de la revista: llegó a vender más de medio millón de ejemplares durante la Segunda República. Carceller es una figura clave de la Valencia contemporánea. Un empresario de prensa, un valencianista, un republicano apasionado del maestro Blasco Ibáñez, un hombre inquieto y amante del teatro y la literatura, un hombre de toros y de invenciones tauromáquicas, un promotor urbano capaz de convertir en símbolos sus empresas. Un fusilado.



             

 

                        
   


Con el estallido de la guerra civil, 'La Traca' se alineó con firmeza con la República y abrió en la trinchera del papel su particular frente de batalla contra todo el bando franquista. Sus 'armas': vehemente militancia, afiladas plumas y viñetas socarronas.


     


La incorporación a la redacción de los dibujantes José María Carnicero y 'Bluff' llevó al semanario varios pasos más lejos que cualquiera de sus competidores. Caricaturizaron a Franco de la manera en la que más le podía doler. Le 'descubrieron' en la cama con un moro, también lo imaginaron recordando su paso por Marruecos mientras contemplaba un evocador racimo de plátanos, vestido de mujer o como un 'ninot' de Hitler.

                       






“’Bluff’, de 35 años, dibujante afiliado a Izquierda Republicana, con anterioridad al Glorioso Movimiento Nacional; en el mes de noviembre de 1936 se trasladó de Madrid a Valencia, dedicándose en esta ciudad a colaborar en el semanario La Traca, para conseguir lo cual se entendió directamente con Vicente Miguel Carceller, publicando dibujos de la más baja moral, en los que se ridiculizaba al Generalísimo Franco y a los Generales de nuestra Santa Cruzada, apareciendo en los pies de estos dibujos las palabras más insultantes”, reza la sentencia. Y es que la revista se convirtió en uno de los primeros objetivos una vez concluyó la guerra, con la III Compañía de Radiodifusión y Propaganda en los Frentes, comandada por el general Aranda, pisándoles los talones.

"Sin ninguna duda, nadie llegó más lejos. Incluso a (Manuel) Azaña le parecían excesivas. Otras revistas se sumaron pero su dureza y acidez es inigualable. Cuando aparecía 'La Traca' los generales se enfurecían", explica el profesor de la Universitat de València, Francesc Martínez.


            


Paradójicamente fue el propio gobierno de la República el que abocó la revista a su cierre en marzo de 1938. "Las autoridades tenían miedo. Hay mucha acción-reacción y temían que hubiera fusilamientos de presos republicanos, así que le fueron poniendo las cosas cada vez más difíciles", recuerda. La censura gubernamental y los problemas en el suministro de papel conforme avanzó el conflicto y empezó a escasear todo secaron definitivamente sus plumas.


           


Apenas un par de meses después de que acabara la guerra, el 10 de junio de 1939, la Brigada Político Social ordenó la captura de Carceller, Gómez y Carnicero y justo un año después, el 10 de junio de 1940, se les sentenció por "adhesión a la rebelión militar". La condena fue a muerte para los dos primeros y a treinta años de reclusión para Carnicero, que logró salir tras una veintena de meses pero murió en Badalona pocos años después.



“Debemos condenar y condenamos a la pena de muerte a los procesados Vicente Miguel Carceller y Carlos Gómez Carrera", proclamaba el fallo emitido por el Consejo de Guerra, una sentencia que tuvo una tercera víctima. Se trata del dibujante José Mª Carnicero, a quien se condenó a treinta años de prisión, quien, "durante su permanencia en zona roja publicó en el semanario La Traca dibujos e historietas en los que se insultaba a los invictos Generales del Ejército Español para la publicación de los cuales se entendía directamente, según sus propias manifestaciones, con el Vicente Miguel Carceller (sic)". 



Tras casi un año de reclusión e interrogatorios, al "soez, obsceno e impúdico semanario valenciano", el Semanari pa la chent de tro, le quedaba un suspiro. Custodiada en el Archivo General e Histórico de Madrid, apenas dos folios firmados el 10 de junio de 1940 pusieron el fin a una historia -o historieta- que desde finales del siglo XIX y hasta el fin de la II República puso contra las cuerdas a más de uno a base de papel y tinta.

Poco después de ser ajusticiados en Paterna, Teresa de Escoriaza, escritora y cuñada de 'Bluff', recordaba sobre la muerte de Gómez Carrera que este solo tenía las manos manchadas “de carboncillo” y no de sangre: “Era un dibujante y nada más”, que no había hecho durante la guerra más que “dibujos satíricos” con el objetivo de conseguir unos ingresos fijos con los que “subsistir. Nunca hizo otra cosa”.

Si bien Carceller está enterrado en un nicho, a día de hoy Carlos Gómez todavía está en una fosa común. 







No hay comentarios: