sábado, 16 de septiembre de 2023

40 AÑOS SIN LUIS BUÑUEL








Dios y el país son un equipo inmejorable: rompen todos los récords de opresión y derramamiento de sangre.


LUIS BUÑUEL

(1900-1983)


Luis Buñuel Portolés nació el 22 de febrero del año 1900 en la población de Calanda, Teruel (España).

Era el mayor de siete hermanos, hijo de un ferretero llamado Leopoldo Buñuel y de María Portolés, mujer que solamente tenía diecisiete años de edad cuando contrajo matrimonio con Leopoldo, casi treinta años mayor que ella.

Después de estudiar con los jesuitas, recibiendo una educación religiosa que le marcó en su devenir personal y artístico, Buñuel se trasladó a Madrid en el año 1917 para iniciar la carrera de Ingeniería Agrónomo, instalándose en la Residencia de Estudiantes en donde entabló amistad con Salvador Dalí y Federico García Lorca.

En la capital de España, Buñuel abandonó Ingeniería para terminar licenciándose en Filosofía y Letras.





Con el incipiente mundo del celuloide en auge fue la visión de la película “Las tres luces” (1921), obra de su gran ídolo cinematográfico, el director alemán Fritz Lang, el detonante para que Luis Buñuel comenzara a dedicarse al séptimo arte,

En el año 1925, Buñuel contrajo matrimonio con Jeanne Rucar, con quien tuvo dos hijos: Juan Luis y Rafael.

Tras ocuparse como asistente de dirección y guionista de Jean Epstein y Mario Nalpas, y estudiar técnica cinematográfica en la Academia de Cine de París, Buñuel realizó junto a Dalí el famoso corto experimental “Un perro andaluz” (1928), título que se convirtió inmediatamente en pieza clave en la historia del cine por su inmersión en el estilo surrealista.






El surrealismo en los años 20 desarrolló una creatividad intelectual plena de imaginería visual que destrozaba los tradicionales conceptos de expresión y narrativa, concediendo una importancia esencial a los mundos oníricos como reflejo de una lógica que dormita bajo la capacidad subconsciente del individuo.

La obra clave y comienzo del cine surrealista fue la citada “Un perro andaluz”, en donde salvajemente se rechazan los valores fílmicos prevalentes y se acometía una nueva forma de narrar dentro de la capacidad coherente de la imaginería surrealista, de extraordinaria fuerza visual que sirvió para provocar ansiedad en el espectador, una autocapacidad creativa propia y para subvertir la realidad cotidiana.

Tras “Un perro andaluz” Buñuel dirigió obras tan significativas como “La edad de oro” (1930), una sátira surrealista recibida con entusiasmo por la crítica del momento, lo que le supuso una oferta de la Metro Goldwyn Mayer.

Después de viajar a Hollywood sin rodar con el estudio del león, Buñuel regresó a España para rodar el documental “Las Hurdes/Tierra sin pan” (1932), censurado en España, y varios trabajos como productor.





Con el estallido de la Guerra Civil española el autor aragonés se exilió en el continente americano antes de colaborar con el gobierno republicano, para el que realizó un documental titulado “España leal en armas”.

Trabajó durante un período en el MOMA y pasó de nuevo brevemente por Hollywood sin terminar de concretar varios proyectos que manejaba.

Tras un largo período sin estrenar cine, Luis Buñuel se asentó definitivamente en México, estrenando su primer film en tierras aztecas, “Gran casino” (1947), una película de encargo protagonizada por Jorge Negrete y Libertad Lamarque.

En 1949 se nacionalizó mexicano, consiguiendo la doble nacionalidad junto a la española.

Después de “Gran casino” estrenó títulos como…

  • “El gran calavera” (1949), una comedia con Fernando Soler y Rosario Granados basada en una obra de teatro de Adolfo Torrado
  • “Los olvidados” (1950), un magnífico drama social
  • “Susana” (1951), con el protagonismo de Rosita Quintana
  • “Don Quintín el amargao” (1951)
  • “Una mujer sin amor” (1951)
  • “Subida al Cielo” (1952), película que emparejó en un viaje en autobús a Lilia Prado con Esteban Mayo
  • “El bruto” (1952)
  • “Robinson Crusoe” (1952), coproducción mexicana-estadounidense que adaptó el clásico literario de Daniel Defoe
  • “Él” (1953), con Arturo de Córdova y Delia Garcés
  • “Abismos de pasión” (1953)
  • “La Ilusión Viaja En Tranvía” (1953)
  • “El río y la Muerte” (1954)
  • “La vida criminal de Archibaldo de la Cruz”, película denominada también “Ensayo de un crimen” (1955), fenomenal comedia de humor negro con Ernesto Alonso como protagonista interpretando el papel de un hombre determinado a asesinar mujeres tras escuchar una caja de música.

Su cine, surreal, original, simbólico, abordó diversos géneros y subgéneros, como farsas, sátiras, comedias negras, dramas de corte neorrealista o pasionales melodramas, enfocando sus puyas críticas principalmente en el catolicismo y la burguesía.

Admirado tanto en Hollywood como en Europa, Buñuel, en muchas ocasiones ayudado en el guión por Luis Alcoriza, trabajó a partir de mediados de los años 50 también en el viejo continente, principalmente en Francia.

En el año 1955 estrenó “Así es la aurora” (1955), una película franco-italiana protagonizada por Lucía Bosé y George Marchal.

Más tarde, con capital galo y mexicano, estrenó “La muerte en el jardín” (1956), con Simone Signoret, Marchal, Michel Piccoli y Charles Vanel.

En 1959 filmó, con el protagonismo de Paco Rabal, “Nazarín” (1959), adaptación de Benito Pérez Galdós, uno de sus escritores favoritos, y “Los ambiciosos” (1959), coproducción franco-mexicana, con la pareja María Félix y Gerard Philipe.

Tras dirigir “La joven” (1960), drama realizado con producción estadounidense, Buñuel fue invitado por el gobierno español para dirigir “Viridiana” (1961).

El film, una sátira religiosa con un enfoque pesimista del ser humano, se convirtió en un escándalo, siendo de nuevo censurado por la Iglesia católica.

La película, protagonizada por Fernando Rey, Silvia Pinal y Paco Rabal, ganó la Palma de Oro en el Festival de Cannes.

“El ángel exterminador” (1962), película con Silvia Pinal de nuevo como principal protagonista, fue otra brillante sátira, ahora con la burguesía como punto de mira.

“Diario de una camarera” (1964), con Jeanne Moreau, adaptó de manera estupenda el libro homónimo de Octave Mirbeau.

En el año 1965 rodó su última película mexicana, “Simón del Desierto” (1965), una divertida sátira con la religión de nuevo como principal protagonista y el protagonismo de Francisco Reiguera.

Catherine Deneuve fue la hermosa protagonista de “Belle de Jour” (1967), drama erótico con ribetes surrealistas que se convirtió en uno de los títulos más sobresalientes de su carrera.

Los años 60 concluyeron para Buñuel con “La Vía Láctea” (1969), film episódico sobre las vivencias de dos peregrinos.

Galdós volvió a ser adaptado por Buñuel en “Tristana” (1970), película protagonizada por Fernando Rey, Catherine Deneuve y Franco Nero.

Rey fue un actor asiduo de Luis Buñuel y, en casi todas sus apariciones, la obsesión sexual fue la base de su comportamiento, por ejemplo en “Ese oscuro objeto de deseo” (1977), última película de Buñuel en la que empleó a dos actrices, Angela Molina y Carole Bouquet, para un único papel.

Con anterioridad, Fernando Rey también había protagonizado “El discreto encanto de la burguesía” (1972), película que consiguió el Premio Óscar a la mejor película de habla no inglesa. Buñuel, tanto en este título, como en “Ese oscuro objeto de deseo”, logró ser nominado al premio Óscar como mejor guionista.

Cuando le fue concedido este Óscar, George Cukor organizó una cena homenaje a Buñuel en noviembre del año 1972, a la que asistieron personajes tan importantes del mundo del cine como Alfred Hitchcock, George Stevens, John Ford, William Wyler, Robert Mulligan, Robert Wise, Billy Wilder o Rouben Mamoulian.

Su penúltima película como director, antes de “Ese oscuro objeto de deseo”, fue “El fantasma de la libertad” (1974), uno de sus títulos más vanguardistas.

Luis Buñuel falleció en Ciudad de México el 29 de julio de 1983 tras padecer cirrosis.

Tenía 83 años de edad.

Fue incinerado.




Luis Buñuel y el animado encanto de Las Hurdes

Salvador Simó dirige Buñuel en el laberinto de las tortugas, filme de animación inspirado en el cómic de Fermín Solís.



Enlaces a películas de Luis Buñuel


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Lo que no sabías de Luis Buñuel

Son muchas las anécdotas alrededor de este autor y muchos los escritos que nos dejó tras su muerte



Un día 22 de febrero de 1900 nació Luis Buñuel, director de cine español y máximo exponente del surrealismo. Famoso no solo por películas como El perro andaluzLos olvidados Tristana sino también por su estilo cinematográfico y sus peculiaridades: la obsesión por su madre, su frustración como escritor, su extraña relación con Dalí, su terror a la muerte o sus manías. Son muchas las anécdotas alrededor de este autor y muchos los escritos que nos dejó tras su muerte, que ahora podemos leer principalmente en su autobiografía Mi último suspiro (1982) y las recientes cartas descubiertas y recopiladas en Luis Buñuel. Correspondencia escogida (2018). Hoy os contamos algunas de las más curiosas que rodearon su pintoresca vida.


El primer contacto con el cine del joven Luis Buñuel


En 1908, cuando era un niño, descubrió el cine en un local llamado ‘Farrucini’ en Zaragoza. Se trataba de una barraca cubierta por una lona en el que el público se sentaba en bancos. Las primeras imágenes animadas que vio, fueron las de un cerdo que cantaba envuelto en una bufanda de varios colores mientras que, gracias a un fonógrafo colocado detrás de la pantalla, permitía escuchar la canción. Era una película a color, por lo que fue pintada fotograma a fotograma. “Por aquel entonces el cine no era más que una atracción de feria, un simple descubrimiento de técnica”, comenta el director en su libro autobiográfico Mi último suspiro.

Años más tarde comenzaron a abrirse en la capital aragonesa salas permanentes, con butacas o bancos según el precio de la entrada, en las que se proyectaban las cintas de Max Linder y Viaje a la luna de Mèliés. Buñuel nunca olvidó cómo le impresionó el primer travelling que vio en la gran pantalla, avanzando hacia él. Se trataba de una cara que se volvía cada vez más grande, con la sensación de que fuera a tragarse a los espectadores. Era imposible imaginar, ni por un instante, que la cámara se acercase a aquella cara, o que ésta aumentase de tamaño por efecto de trucaje, como en las películas de Méliès.

En 1928, fascinado por aquellas imágenes que contemplaba, le comunicó a su madre que iba a realizar su primera película. Ella no se lo tomó muy bien, llegando al punto incluso de llorar; sentía lo mismo que si le hubiera dicho que quería ser payaso. Hasta que no intervino un notario amigo de la familia, que le explicó que con el cine se podía ganar bastante dinero y producir productos interesantes, esa idea negativa no se fue de la cabeza de María Portolés Cerezuela.


Su primera película: Un perro andaluz


Todos tenemos en la cabeza aquellas imágenes en blanco y negro de una mano sosteniendo una navaja con intención de rebanar un ojo en primer plano. Se trata del primer cortometraje de Luis Buñuel, Un perro andaluz, un mediometraje franco-español mudo.

Por todos es sabida la buena relación que mantenía con otros artistas, como Federico García Lorca o Salvador Dalí. Conoció a ambos cuando era muy joven, en una residencia, entablando una amistad que duraría para toda la vida. De hecho, el guion de esta obra está basado en los sueños de Dalí y del propio director. Buñuel le dijo a Dalí que había tenido un sueño sobre una luna llena que se dividía por una nube, como si se tratase de una hoja de afeitar cortando un ojo por la mitad. A lo que el pintor le contestó: “Yo he soñado que no dejaban de brotar hormigas de mi mano”.

Tan solo tardaron 6 días en escribir el guión y fue financiada gracias a la ayuda de su madre, que le dio 25 mil pesetasEn un primer momento se iba a titular El marista de la ballesta, pero finalmente se cambió por Un chien andalou debido a que fue realizado en los estudios Billacourt en París. La obra tiene una duración de 16 minutos y en un principio era muda, hasta que en 1960 se le añadió banda sonora que incorporó piezas de Richard Wagner.

Era tan dura, tan grotesca y con unas escenas tan desagradables que fue censurada en varios cines, debido a la primera secuencia, el famoso corte del globo ocular femenino que he mencionado, (que, por cierto, dicho ojo pertenecía a Simone Mreuil, actriz que, años más tarde, tras una profunda depresión, se suicidó). Evidentemente, el ojo no era humano, fue el de una vaca y el hombre que sujetaba la navaja era el propio Luis Buñuel. Otro detalle curioso es que Dalí también aparece en la cinta, como uno de los sacerdotes arrastrado con el piano.


Su “alergia” a los premios


Algo muy característico de Buñuel era su desinterés absoluto por obtener premios que le otorgaban por su labor de cineasta. Incluso, en algunas declaraciones, comentaba: “Nada me disgustaría más moralmente que recibir un Óscar. No lo tendría en mi casa”.

En una de las entrevistas que concedió su hermana para la revista francesa Positif, escribió algunos de los recuerdos que guardaba de su hermano. Comentaba que, cuando él era niño, sacaba las mejores calificaciones en la escuela sin ningún esfuerzo, pero no le gustaba ser alabado. Hasta el punto que, un poco antes de que terminase el curso, hacía alguna ‘trastada’, para que no le nombraran emperador delante de la gente y le dieran un premio, acto que le humillaba enormemente.

Detestaba moralmente tanto los banquetes como las entregas de premios. Aseguraba que, además, estas recompensas daban lugar a incidentes y meteduras de pata incómodas. En 1978 en México, le hicieron entrega del Premio Nacional de las Artes, una medalla de oro en la que grabaron su nombre con una errata. En vez de Buñuel, inscribieron “Buñuelos”. Durante otra ocasión, en Nueva York, le entregaron un pergamino iluminado en el que habían escrito que había contribuido “inconmensurablemente” al desarrollo de la cultura contemporánea. Con esa palabra también cometieron una falta de ortografía, que esa misma noche tuvieron que rectificar.

“Tengo cierto horror al exhibicionismo, estar frente a una cámara de televisión o fotografía para mí, -por motivos personales posiblemente irracionales-, me causa horror”Se arrepintió de haber acudido a algunos festivales como el de San Sebastián con motivo de homenajearle, y, para él, el colmo del exhibicionismo fue alcanzado por el director Henri- Georges Clouzot, el día en el que convocó a periodistas para comunicarles su conversión al catolicismo.

Era un hombre modesto que, simplemente, quería transmitir lo que tenía en la cabeza con sus obras, sin necesidad de homenajes, palmadas en la espalda o reconocimientos.


Sus rarezas


Y para acabar, y de manera anecdótica, os dejamos por aquí algunas peculiaridades personales que han hecho de Buñuel una figura pintoresca, más allá de su filmografía.

Le apasionaba disfrazarse. Era algo que recomendaba a todo el mundo, ya que consideraba que permitía ver otra vida. De fantasma, de cura, de veterinario, de obrero… Uno de sus favoritos era el de monja. En su estancia en París solía ponerse una cofia y un hábito y se maquillaba acompañado de una expresión de santidad. Junto a su compañero Vincens de la Slave, se dedicaban a pellizcar a las mujeres que, cuando se volvían a protestar, se encontraban con el panorama. Él lo justifica como si se tratase de una acción anticlerical, (reconociendo también que le resultaba excitante). Incluso, en una ocasión, se hizo pasar por guía del Museo del Prado, inventándose sobre la marcha una sarta de mentiras y disparates, que compartió con los turistas que cayeron en el engaño.

Se dice que al cineasta le gustaba lanzar cubos de agua desde el balcón. Le parecía divertido ver las reacciones de la gente que pasaba por la calle cuando ocurría. Dicha broma de hecho apareció en su última película, Ese oscuro objeto del deseo.

También se cuenta que tenía la manía de comprar relojes antiguos de bolsillo, con largas cadenas. No eran relojes caros, sino adquiridos en tiendas de lo más baratas. Muchos se pensaban que, simplemente, era por puro coleccionismo. Pero, en realidad, era una táctica psicológica. Siempre acudía a trabajar con uno de esos relojes, que guardaba tranquilamente si todo iba bien y no se producía ningún problema. Pero si surgía algún imprevisto en el rodaje, por parte de los técnicos o los actores, o si se ponía tensa la situación por alguna razón, sacaba el reloj enfurecido y lo estampaba contra el suelo, cosa que impactaba mucho al resto y hacía que se bajasen los humos. Una forma curiosa de desfogarse y hacerse respetar.

















 

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