por Iñaki - Núcleo Confederal CNT-AIT PamplonaLa edad empieza a hacer mella en su salud, junto con la dureza del trabajo. Una vez, trabajando, se lastimó una mano, bastante gravemente. Fue un milagro que no desarrollara una infección en la sangre a causa de ello. Trabajaba en locales fríos, lo que le originó una inflamación pulmonar que le tuvo en peligro de muerte durante varias semanas.
En 1913 regresa a Italia para impartir conferencias y celebrar mítines. Simpatizó con la Unione Sindicale Italiana, que le parecía la más propicia para sus intenciones y la más afín, por la participación que en ella tenían algunos anarquistas. Intervino personalmente, aun sin ser delegado oficial, en el Congreso Sindical de Milán, en diciembre de 1913.
El 7 de febrero de 1914, en una manifestación en Ancona, los guardias y carabinero mataron a tres personas y se produjeron varios heridos. Se declaró la huelga general en toda Italia, aunque no duró más de dos días y medio, truncada por la traición de la Confederazione Generale de Lavoro, al ponerle fin.
Malatesta llegó disfrazado a la frontera suiza y regresó a París, para viajar posteriormente a Londres.
Se inicia la llamada Primera Guerra Mundial y Malatesta proclama su pensamiento fiel al internacionalismo revolucionario anarquista, después de que Kropoktin publique unas declaraciones adhiriéndose a la causa de los ejércitos aliados anglo-franco-rusos.
Malatesta publica un artículo, “Los anarquistas han olvidado sus principios”, que expresa con exactitud las opiniones y sentimientos fieles a sus ideas. Se rompe entonces, entre Kropoktin y Malatesta, una amistad que ha durado casi cuarenta años, aun conservando, el uno hacia el otro, estima y respeto mutuos.
A pesar de la censura, Malatesta no cesa, ni por un instante, su propaganda en contra de la guerra.
El 24 de diciembre de 1919 regresa a Italia: las naves ancladas en el puerto de Génova hacen sonar sus sirenas, los barrios populares se engalanan con banderas rojas y el pueblo aclama a Malatesta por las calles. En su discurso, Malatesta insiste en la necesidad de la revolución pues dice:
“Si dejamos pasar el momento favorable, deberemos pagar luego, con lágrimas de sangre, el miedo que ahora infundimos a la burguesía”
La policía italiana, cada vez más irritada, trataba de provocar algún “desmán”, para capturarlo o asesinarlo.
Malatesta desarrolla, en el periódico Umanitá Nova, la propaganda del anarquismo comunista, con gran sentido de comprensión y conciliación de todas las tendencias anarquistas. Continúa propagando y defendiendo la concepción libertaria del socialismo y de la revolución, en contraste con el autoritarismo de los socialdemócratas y bolcheviques.
Desde abril de 1919 se había constituido la Unione Anarchica Italiana, a la cual se adhiere y defiende firmemente contra las críticas de anarquistas antiorganizacionistas.
Para Malatesta, lo importante era que los anarquistas, organizados o no, permaneciesen anarquistas y desarrollasen una acción anarquista donde se encontrasen.
En el verano de 1920, parecía que la revolución iba a estallar de un momento a otro. Se ocupan fábricas; se hacen reuniones clandestinas para la adquisición de armas… Pero todo fue frustrado por la determinación de la Confederazione Generale del Lavoro, dominada por los socialdemócratas, de devolver las fábricas a sus dueños, bajo la promesa del gobierno Giolitti de una ley que introduciría en las fábricas el control obrero.
Los anarquistas, a través de la Unione Sindicale Italiana, protestaron en vano; en todo el país, el proletariado se batió en retirada y comenzó el desaliento, la incertidumbre y la desilusión. La burguesía volvió a levantar la cabeza y pasó de la defensiva a la ofensiva. El gobierno comenzó la reacción contra los anarquistas.
El 17 de octubre, Malatesta fue arrestado junto a otros militantes anarquistas e ingresó en prisión. La autoridad judicial no conseguía establecer una base de acusación plausible contra ellos, pero no quería tampoco soltar a la presa. Los imputados, exasperados, decidieron recurrir a la huelga de hambre. Malatesta, a causa de su edad y de su débil salud, estaba en serio riesgo de morir. Sus compañeros y él decidieron cesar la huelga de hambre.
El proceso contra Malatesta se celebró en 1921 y acabó con la absolución general. Entre tanto, durante los diez meses de prisión de Malatesta, el fascismo, ayudado disimuladamente por el gobierno, financiado por la alta burguesía, socorrido por las fuerzas militares y policiales y por todos los partidos antisocialistas, se impuso en casi media Italia.
Malatesta viajó brevemente a Suiza, para celebrar el cincuentenario del histórico Congreso Internacional Antiautoritario de Saint Imier, en el cual estuvieron presentes Bakunin y Malatesta, entre otros, en septiembre de 1872. Allí surgió, de hecho, el movimiento anarquista moderno.
Un mes después del retorno de Malatesta de Suiza, tuvo lugar la famosa “marcha sobre Roma”, celebrada a últimos de octubre, con lo que el fascismo lograba, con la complicidad del rey, asumir oficialmente el poder.
El gobierno prohíbe la impresión del periódico Umanitá Nova, ordena el arresto del administrador, Giuseppe Turni, al que secuestraron todos los papeles, los libros de contabilidad y el dinero. Se inició un proceso contra Malatesta, sus redactores y sus colaboradores.
La edad empieza a hacer mella en su salud, junto con la dureza del trabajo. Una vez, trabajando, se lastimó una mano, bastante gravemente. Fue un milagro que no desarrollara una infección en la sangre a causa de ello. Trabajaba en locales fríos, lo que le originó una inflamación pulmonar que le tuvo en peligro de muerte durante varias semanas.
En 1913 regresa a Italia para impartir conferencias y celebrar mítines. Simpatizó con la Unione Sindicale Italiana, que le parecía la más propicia para sus intenciones y la más afín, por la participación que en ella tenían algunos anarquistas. Intervino personalmente, aun sin ser delegado oficial, en el Congreso Sindical de Milán, en diciembre de 1913.
El 7 de febrero de 1914, en una manifestación en Ancona, los guardias y carabinero mataron a tres personas y se produjeron varios heridos. Se declaró la huelga general en toda Italia, aunque no duró más de dos días y medio, truncada por la traición de la Confederazione Generale de Lavoro, al ponerle fin.
Malatesta llegó disfrazado a la frontera suiza y regresó a París, para viajar posteriormente a Londres.
Se inicia la llamada Primera Guerra Mundial y Malatesta proclama su pensamiento fiel al internacionalismo revolucionario anarquista, después de que Kropoktin publique unas declaraciones adhiriéndose a la causa de los ejércitos aliados anglo-franco-rusos.
Malatesta publica un artículo, “Los anarquistas han olvidado sus principios”, que expresa con exactitud las opiniones y sentimientos fieles a sus ideas. Se rompe entonces, entre Kropoktin y Malatesta, una amistad que ha durado casi cuarenta años, aun conservando, el uno hacia el otro, estima y respeto mutuos.
A pesar de la censura, Malatesta no cesa, ni por un instante, su propaganda en contra de la guerra.
El 24 de diciembre de 1919 regresa a Italia: las naves ancladas en el puerto de Génova hacen sonar sus sirenas, los barrios populares se engalanan con banderas rojas y el pueblo aclama a Malatesta por las calles. En su discurso, Malatesta insiste en la necesidad de la revolución pues dice:
“Si dejamos pasar el momento favorable, deberemos pagar luego, con lágrimas de sangre, el miedo que ahora infundimos a la burguesía”
La policía italiana, cada vez más irritada, trataba de provocar algún “desmán”, para capturarlo o asesinarlo.
Malatesta desarrolla, en el periódico Umanitá Nova, la propaganda del anarquismo comunista, con gran sentido de comprensión y conciliación de todas las tendencias anarquistas. Continúa propagando y defendiendo la concepción libertaria del socialismo y de la revolución, en contraste con el autoritarismo de los socialdemócratas y bolcheviques.
Desde abril de 1919 se había constituido la Unione Anarchica Italiana, a la cual se adhiere y defiende firmemente contra las críticas de anarquistas antiorganizacionistas.
Para Malatesta, lo importante era que los anarquistas, organizados o no, permaneciesen anarquistas y desarrollasen una acción anarquista donde se encontrasen.
En el verano de 1920, parecía que la revolución iba a estallar de un momento a otro. Se ocupan fábricas; se hacen reuniones clandestinas para la adquisición de armas… Pero todo fue frustrado por la determinación de la Confederazione Generale del Lavoro, dominada por los socialdemócratas, de devolver las fábricas a sus dueños, bajo la promesa del gobierno Giolitti de una ley que introduciría en las fábricas el control obrero.
Los anarquistas, a través de la Unione Sindicale Italiana, protestaron en vano; en todo el país, el proletariado se batió en retirada y comenzó el desaliento, la incertidumbre y la desilusión. La burguesía volvió a levantar la cabeza y pasó de la defensiva a la ofensiva. El gobierno comenzó la reacción contra los anarquistas.
El 17 de octubre, Malatesta fue arrestado junto a otros militantes anarquistas e ingresó en prisión. La autoridad judicial no conseguía establecer una base de acusación plausible contra ellos, pero no quería tampoco soltar a la presa. Los imputados, exasperados, decidieron recurrir a la huelga de hambre. Malatesta, a causa de su edad y de su débil salud, estaba en serio riesgo de morir. Sus compañeros y él decidieron cesar la huelga de hambre.
El proceso contra Malatesta se celebró en 1921 y acabó con la absolución general. Entre tanto, durante los diez meses de prisión de Malatesta, el fascismo, ayudado disimuladamente por el gobierno, financiado por la alta burguesía, socorrido por las fuerzas militares y policiales y por todos los partidos antisocialistas, se impuso en casi media Italia.
Malatesta viajó brevemente a Suiza, para celebrar el cincuentenario del histórico Congreso Internacional Antiautoritario de Saint Imier, en el cual estuvieron presentes Bakunin y Malatesta, entre otros, en septiembre de 1872. Allí surgió, de hecho, el movimiento anarquista moderno.
Un mes después del retorno de Malatesta de Suiza, tuvo lugar la famosa “marcha sobre Roma”, celebrada a últimos de octubre, con lo que el fascismo lograba, con la complicidad del rey, asumir oficialmente el poder.
El gobierno prohíbe la impresión del periódico Umanitá Nova, ordena el arresto del administrador, Giuseppe Turni, al que secuestraron todos los papeles, los libros de contabilidad y el dinero. Se inició un proceso contra Malatesta, sus redactores y sus colaboradores.

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